Los ciberconflictos, el nuevo normal de la dinámica empresarial

Estos deben hacer parte no solo de las agendas de los gobiernos y naciones, sino parte inherente de los directorios ejecutivos de las empresas.

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Ahora el escenario de confrontación es internet y todo aquello que sea posible conectar.

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diciembre 08 de 2018 - 12:27 p.m.
2018-12-08

Las inestabilidades globales siguen haciendo carrera a nivel internacional ocasionando diferentes efectos en las diferentes regiones del mundo. Mientras en Latinoamérica las migraciones y gobiernos con tendencias de izquierda y derecha, plantean los retos de cooperación en la región, en Estados Unidos y Europa, las noticias sobre medio oriente y sus tensiones afectan las decisiones que impactan la estabilidad global de precios y acciones.

En este contexto, se suma una realidad generalmente invisible a los ojos de los tomadores de decisiones y de las personas del común, que termina afectando la dinámica de los negocios y de las operaciones de muchas organizaciones en el mundo. Este fenómeno que se esconde en el tejido digital de los nuevos productos y servicios del mundo digital, plantea una lectura adyacente de la dinámica global, que implica la protección de las infraestructuras críticas de una nación y la gobernabilidad de un país.

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Los ciberconflictos, aparecen como el nuevo normal de operaciones de las naciones y las tensiones que de ellos se derivan. Este escenario incierto e inestable plantea el “uso de los datos por parte de las empresas y los gobiernos”, que se traduce en el tratamiento de la información con el fin de crear nuevas ventajas competitivas, las cuales pueden terminar configurando las emociones y comportamientos de los clientes, según la orientación que se quiera concretar.

Ahora el escenario de confrontación es internet y todo aquello que sea posible conectar. Esto supone que el aumento de la densidad digital de los objetos en el mundo físico, plantea un desafío de protección y aseguramiento, y al mismo un reto de transformación digital, que demanda una manera diferente de entender el mundo y sobremanera, una visión distinta de los negocios, que más allá de la innovación que se pueda plantear, establece un ecosistema de relaciones entre diferentes actores, cuyos intereses, por lo general permanecen encontrados.

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Si bien cada compañía moderna, al igual se ha visto en la historia de la humanidad, quiere establecer nuevos feudos en el entorno digital, las diferentes fuerzas propias de la dinámica de las redes sociales y de grupos de influenciadores, fundan un contrapeso interesante que trata de mantener un “aparente balance” que en últimas debe beneficiar a todos los ciudadanos. Al incrementarse la conectividad en el mundo real, se aumentan las posibilidades de acceso a la información personal, clasificada y restringida, como quiera que el sólo hecho de tener una conexión, plantea una “posibilidad” de acceso, bien autorizado o no autorizado.

No se trata de un conflicto simétrico, cinético y evidente; con grandes declaraciones y visibilidad mediática. Se trata de un conflicto asimétrico, digital y muchas veces invisible, donde las naciones, por un lado negocian temas en las mesas de concertación y por debajo de ella, establecen estrategia de acción que comprometen objetivos estratégicos, que debilitan la gobernabilidad de un país.

Las implicaciones de los ciberconflictos, no son efectos directos sobre los países, son efectos reales sobre las empresas. Éstas se convierten en los botines de los ciberataques, los cuales crean inestabilidad e incierto, debilitando la confianza de los inversionistas y particularmente deteriorando la credibilidad y confiabilidad de la acción del Estado. En esta nueva frontera, tanto las empresas como los Estados deben fortalecer sus lazos de cooperación como quiera que las fuerzas desestabilizadoras, cuentan con el factor sorpresa siempre a su favor.

Al aumentar la conectividad de los ciudadanos, aumentan las posibilidades de nuevos servicios y propuestas disruptivas de las empresas. En este marco de acción, la inseguridad de la infraestructura tecnológica y de la información aumenta, pues al privilegiar y potenciar el factor innovador y la experiencia del usuario, se margina la confiabilidad de la interacción y sus flujos de datos. En este sentido, los adversarios saben que habrá más espacios abiertos para encontrar formas de crear negocios ilegales lucrativos, que se apalaquen en los nuevos desarrollo tecnológicos, sin ser percibidos por los clientes.

Este nuevo escenario de conflictos en el entorno digital, no puede ser ignorado por las organizaciones modernas, habida cuenta que son sus clientes y sus apuestas de valor, las que están expuestas en un contexto de inestabilidad e incertidumbre, donde terceros, patrocinados o no por gobiernos, están creando operaciones de desestabilización y confusión, usando como pivote de su actuar un engaño, para luego concretar una acción que puede terminar en una degradación, denegación, destrucción o discontinuidad de la operación de un producto o servicio.

Así las cosas, los ejecutivos de las empresas del siglo XXI, deben prepararse para pensar y actuar sobre “lo impensable”. Comprender ahora, que la materialización de los riesgos propios derivados de una era eminentemente digital son de mayor impacto, como quiera que el aumento de la densidad digital de los objetos físicos, conectan su dinámica a los flujos de datos y a las acciones derivadas de su condición de objetos inteligentes y digitalmente modificados.

En este sentido, el llamado a las empresas de este nuevo milenio es, como anotan los investigadores de la Escuela de Administración del MIT, a crear un portafolio de experimentos de negocios, consultar a los clientes para tener una vista profunda de sus retos y posibles soluciones, y a simular condiciones adversas de las capacidades digitales de las organización, para anticipar eventos inesperados e inciertos, que puedan comprometer la naciente confianza digital necesaria para cautivar a los individuos y ejecutivos.

En resumen, los ciberconflictos como “opacidades de las tensiones geopolíticas”, deben hacer parte no solo de las agendas de los gobiernos y naciones, sino parte inherente de los directorios ejecutivos de las empresas, como un tema político que implica y compromete el futuro de las empresas, así como tema de negocio, que entiende el aumento de la conectividad como virtud y riesgo. Esto es, convierte a la organización en pionera para avanzar en su transformación digital y en objetivo de adversarios conocidos o desconocidos para poner a prueba su capacidad de resiliencia organizacional.

Jeimy J. Cano M.
Profesor Asociado de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario

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