‘Sector edificador estará mejor en el segundo semestre de 2019’

El gerente de Amarilo, Mario Ciardelli, prevé que la constructora cerrará el año con un crecimiento del 14 por ciento. 

Mario Ciardelli, gerente de Amarilo.

Mario Ciardelli, gerente de Amarilo.

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Portafolio
noviembre 22 de 2018 - 11:42 p.m.
2018-11-22

Consolidar la presencia en más ciudades del país con oferta para los rangos bajo, medio y alto, y enfrentar una desaceleración inusual para la industria edificadora fueron algunos de los desafíos de la constructora Amarilo este año.

Al respecto, el gerente de la compañía, Mario Ciardelli, recordó que tras 25 años en el mercado esa dinámica ya suma 80.000 unidades construidas, de las cuales más de la mitad son viviendas de interés social (VIS).

(Precios de la vivienda nueva en el país aumentaron 7,59%). 


Sin embargo, tras fortalecer diferentes estrategias del negocio, otra de las metas es reforzar una estrategia multiestrato, que –según Ciardelli– dependerá de cómo evolucione el sector. El directivo habló con Portafolio de este y otros temas.

Usted habla de una desaceleración inusual para la industria. ¿Qué espera para el 2019?

En el primer semestre del próximo año aún estaremos en un periodo de ajustes; sin embargo, en la segunda parte estoy seguro de que empezará el rebote del sector.

¿Se dieron las cosas para cerrar de forma aceptable el 2018?

Este año esperamos crecer, máximo, un 14% frente al año pasado, lo que, a pesar de estar por debajo de lo que teníamos en nuestras proyecciones, es un buen indicador y un cierre aceptable, si tenemos en cuenta que fue un año de muchos altibajos. Algo para agregar es que la meta es llegar a $1,5 billones en ventas.

En términos generales, ¿cuáles son las cifras del sector que aún merecen atención y más monitoreo por parte de los empresarios?

La formación de hogares en el país sigue creciendo y el promedio de viviendas que se construye, que es de 160.000 al año, es insuficiente. Incluso, el récord ha sido de 250.000, lo que aún está muy lejos de los objetivos generales de la industria. Por eso, son claves la política del Estado y el aporte de las compañías edificadoras.

La gente aún se queja de los precios y de que no hay suficiente oferta…

La oferta se ha moderado, pero considero que es sano depurar lo que hay disponible. Así, como dije anteriormente, la demanda rebotará y se revertirá la tendencia.

¿Cree que es posible lograr la depuración de la que habla, teniendo en cuenta, por ejemplo, que los plazos para pagar la cuota inicial son más largos?

Creo que el 2019 estará mejor. Sobre el tema de los plazos, sí considero que debería ser de unos veinte meses. Actualmente, se están manejando cuarenta meses y, la verdad, me parece que es mucho tiempo. De hecho, ya hay casos de desistimientos de negocios, que se presentan tras una larga espera pagando una cuota inicial. Y es que en ese lapso a los clientes les pueden suceder muchas cosas con su economía.

¿Cuáles son las proyecciones de Amarilo? ¿Qué hay en la agenda?

Una de las metas de la compañía es colonizar zonas en las cuales no estamos, o en las que queremos reforzar la presencia; en ese sentido, Bogotá y sus alrededores siguen en la lista, con unos 25 proyectos para el estrato medio que lanzaremos en el 2019. Además, tenemos en la mira dos ciudades a las que no habíamos llegado, pero en su debido momento anunciaremos cuáles son.

Ustedes anunciaron recientemente un proyecto en Madrid (Cundinamarca). ¿Cómo va?


Sí. Se trata de Hacienda Casablanca, que sirve para ilustrar el potencial de los municipios aledaños: además de vivienda tiene comercio pequeño, que se vende a empresarios de la zona, pero que está balanceado con la presencia de marcas reconocidas.

Cito este caso porque los municipios tienen beneficios adicionales de servicios e impuestos baratos, entre otros, que atraen a los desarrolladores. Allí, las oportunidades todavía son grandes.

A propósito de municipios aledaños a Bogotá, ¿dónde más hay más oportunidades?

A Madrid hay que agregarles, en nuestro caso, proyectos en Soacha, como Ciudad Verde, y en Cota y Cajicá.

¿Cómo han hecho para mantener la dinámica, si muchos se quejan de la falta de tierra?

Para impulsarla es necesario tener o adquirir nuevos terrenos en grandes proporciones y en un ejercicio empresarial juicioso lo hemos hecho.

En el caso de Bogotá, una de las estrategias es promover la redensificación, pues no es un secreto que hay escasez de suelo; aun así, recorriendo la ciudad se pueden apreciar lotes, algunos de ellos en espacios destinados a parqueaderos que podrían servir para desarrollar oferta residencial.

A propósito de grandes terrenos, ustedes están en el megaproyecto Lagos de Torca, en el norte de Bogotá...

Sí. Entre las estrategias de la compañía está la participación en grandes proyectos. En el caso de Bogotá, participaremos con el 12% de lo que se construirá en Lagos de Torca, donde se desarrollarán 128.000 viviendas sociales y de interés prioritario.

SUBIR PRECIO TOPE DE LA VIS 

El gerente de Amarilo, Mario Ciardelli, también se refirió a la propuesta de subir el precio tope de la vivienda social (hoy, en $105 millones). “Este se ha mantenido por mucho tiempo y no está en línea con la inflación del sector, que se ha incrementado. Ante esto, el problema es que los costos de la construcción no aumentan con esta variable, mientras que los empresarios, por ley, sí deben acogerse a los ajustes en los valores de esta oferta con esa base”.

Ciardelli le agrega otro componente: “Y es que no es solo el impacto de uno o dos puntos por encima de la inflación en los precios de los insumos, muchos de ellos importados, sino –además– el hecho de tener que cumplir normas como el reglamento técnico de redes internas de telecomunicaciones o el de instalaciones eléctricas, a los que se suman la norma sismorresistente, entre otras, que incrementan los costos finales al construir”.

Gabriel E. Flórez G.
Economía y Negocios

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