Tumultuoso pasado de Nissan ofrece lecciones

Los socios deben mirar hacia el futuro e integrarse antes de la era de los autónomos. 

Carlos Ghosn

El expresidente de la alianza, Carlos Ghosn, salió de prisión la semana pasada tras 108 días encarcelado.

EFE

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Portafolio
marzo 15 de 2019 - 07:12 p.m.
2019-03-15

A principios de la década de 1980, cuando Margaret Thatcher estaba enviando cartas escritas a mano para persuadir a Nissan de que abriera su primera planta europea en Sunderland, la automotriz japonesa estaba involucrada en otra batalla.

En el momento en que se inauguró la fábrica en el Reino Unido en 1986, un ‘golpe de Estado’ en el equipo de gestión había derrocado al jefe del sindicato de la empresa, Ichiro Shioji.

(Renault revisará alianza con Nissan, tras la detención de Carlos Ghosn). 

Shioji, conocido como el ‘presidente en la sombra’ de Nissan, había liderado el grupo durante dos décadas, dictando cambios de personal y políticas de ubicación de plantas. La gerencia de Nissan juró que nunca volvería a permitir tal concentración de poder.

Pero la historia se ha repetido. Tras el derrocamiento y arresto de Carlos Ghosn en noviembre por cargos de mala conducta financiera, el presidente ejecutivo de Nissan, Hiroto Saikawa, denunció a su ex jefe por acumular demasiada influencia tanto en Nissan como Renault.

Según Saikawa, la concentración había permitido que el hombre quien salvó a Nissan de la bancarrota en 1999 abusara de su posición sin el conocimiento de los ejecutivos o los miembros de la junta directiva de la compañía japonesa.

Ghosn negó los cargos de falsificación de pago y abuso de confianza, y dijo que su caída era resultado de un “complot y la traición” de los ejecutivos de Nissan que se oponían a su plan de una fusión total entre el grupo japonés y el francés. La conclusión final podría estar a años de distancia mientras el exjefe de Nissan, quien fue puesto en libertad bajo fianza la semana pasada después de pasar 108 días en la cárcel, espera el juicio.

Mientras tanto, Nissan y Renault deberían proporcionar respuestas sobre cómo pasaron por alto la supuesta mala conducta de Ghosn y sus flagrantes fallas en el manejo de la empresa japonesa. Si Nissan realmente desea implementar una revisión de la gobernanza, debe abordar no sólo el tema de la protección de los accionistas minoritarios, sino también la forma en que cumplirá con los intereses de Renault, su principal accionista con una participación de 43%.

Las lecciones que deben extraerse de la disputa interna de Nissan en el período de alto crecimiento de la posguerra no se refieren únicamente a la gobernanza. La disputa tuvo un impacto inmenso en su competitividad que perdura hasta el momento.

(Nissan también falsificó datos de emisiones y combustible). 


Mientras que Nissan - propietario del Datsun que alguna vez simbolizó el milagro económico de Japón - estaba distraído debido a un período prolongado de disturbios laborales, Toyota, su rival más pequeño en ese momento, estaba perfeccionando el sistema de producción ajustada y ‘justo a tiempo’, que ahora es el estándar global del sector.

A fines de la década de 1980, las luchas internas habían arrastrado a Nissan desde la cima del mercado japonés a un segundo distante. Hoy, ha caído al quinto lugar. “La fortaleza de Toyota radica en su infraestructura de producción”, explicó Noriaki Kawatsu, exgerente de comunicaciones de Nissan que lideró el ‘golpe de Estado’ en la década de 1980. “Hay continuidad porque sus métodos de producción no cambian incluso cuando hay cambios en la administración”.

Kawatsu, quien ahora dirige una consultoría de gestión, cree que Nissan tiene una tendencia a confiar en la fuerza de los líderes individuales debido a la debilidad de su infraestructura.

En los años posteriores a los disturbios laborales, la gerencia de Nissan invirtió agresivamente para expandirse internacionalmente y perdió dinero en costosos proyectos de fabricación en países como Italia y España. Sin embargo, su estrategia de toma de riesgos ha resultado en su fortaleza actual en mercados como China.

Pero sus esfuerzos para reducir su brecha de eficiencia con Toyota al reemplazar completamente a los humanos con robots en una planta japonesa fueron un fracaso. Para 1999, el grupo estaba cargado de tanta deuda que no hubiera sobrevivido sin Renault.

A raíz del reinado de 20 años de Ghosn, Nissan ahora forma parte de la alianza automotriz más grande del mundo y produce 10 millones de vehículos al año con Renault y Mitsubishi Motors. Pero aunque la alianza ha proporcionado ahorros en los costos de adquisiciones y en otras áreas, los críticos dicen que Nissan aún está rezagado respecto a Toyota en la ingeniería de un vehículo a bajo costo.

Sus hábitos de gasto y su enfoque en el volumen de ventas también han resultado en una baja rentabilidad en EE. UU. Como resultado, su margen de ganancia operativa de 4,3% en el último trimestre es sólo la mitad del de Toyota.

En la década de 1970, Nissan tuvo que lidiar con sus luchas internas con el sindicato laboral. Ahora enfrenta la tarea de consolidar su alianza con Renault y Mitsubishi después de Ghosn. En un paso positivo, los dos socios han dejado a un lado sus diferencias sobre la nueva presidencia en Nissan para avanzar la alianza.

Pero si la alianza realmente toma en serio la eficiencia, necesita aumentar el ritmo de la integración para mantenerse al día con la innovación en el área de conducción autónoma de los grupos como Google.

Kana Inagaki

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