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Carlos Enrique Cavelier

Nuestro síndrome de espermatozoide (1)

Las jerarquías inhiben la comunicación aniquilando experiencias, ideas e impulso.

Carlos Enrique Cavelier
Coordinador de sueños de Alquería
POR:
Carlos Enrique Cavelier
diciembre 14 de 2021
2021-12-14 09:52 p. m.
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Una compañera de trabajo me cuenta que su hijo menor le dice “yo te quiero mucho, mamá” y ella contesta “¡yo más!”; “¡es que no es competencia!”, le replica el niño. En otra conversación con el fundador del Harvard Negotiation Project, el profesor Roger Fisher, jugando frisbee con su hijo en un parque de Londres en los años 70, nos comentaba sobre un extraño que nunca había visto el juguete y les preguntó: “¿quién está ganando?”.

Por una razón ‘seudo-genética’, las personas seguimos en la delirante carrera de llegar primero. Claro, hemos pasado cientos de millones de años desde la reproducción sexuada de especie en especie además de machos alfa empujando y procurando ser el espermatozoide ganador. Pero desde la aparición del lenguaje y con ella la capacidad del pensamiento abstracto, debimos hace tiempo empezar a moderar ese comportamiento.

Sin embargo, dicha conducta trasciende de la vida individual a la vida en sociedad; solo en los últimos siglos con el advenimiento de las democracias empieza a prevalecer el cortex racional de nuestro cerebro sobretodo sobre el límbico de “pelea, huye o congélate”. Sólo con la organización social sofisticada, empezamos a vernos como iguales en colaboración sin tener que competir el uno con el otro.

Desde hace unos 40 años empezaron a surgir organizaciones que sobrepasaron el modelo de 'Comando y Control' instaurado con el nacimiento de las grandes compañías en el auge de la revolución industrial, habiendo estas últimas tomado el ejemplo de sus contrapartes el estado, el ejército y la iglesia.

En el ascenso de estas ‘nuevas’ organizaciones Teel (Frederick Laloux, 2014), el ‘servant leadership’ reemplaza evolucionariamente al espermatozoide y a su espejo que en la vida es el ego, así como a los restos del control en las organizaciones naranjas; de ahí que ya no sea el momento de preguntarle a nadie en estas organizaciones que hace usted aquí y que responda “yo hago caso”. Allí la valoración elevada de mentes con alta educación, experiencia y con un espíritu de lealtad, cariño y motivación es enorme y su valor humano y económico inimaginable. Ese es el nuevo ‘oro’, la nueva data. La gente con propósito bajo estructuras y culturas que los lleven “al infinito y más allá” es posible, así tenga rasgos utópicos: allí el emprendimiento y el intra emprendimiento (lo estamos viendo en el auge de los start ups) surgen con enorme fuerza. Allí desaparece el miedo, se repotencia la autoestima, da espacio para el error calculado abriendo espacio para el aprendizaje a fondo; allí los equipos se esfuerzan por el amor al propósito organizacional y para vencer sus propios retos continuamente. Es golf, es contra sí mismos.

Se desvanece el espermatozoide luchando solo por su cuenta;
se llega al nivel de interdependencia de Covey y a situarnos más cerca del nivel de colaboración y servicio (niveles 6 y 7) que describe Richard Barrett dando dos pasos más allá de Maslow. Las jerarquías inhiben la comunicación aniquilando experiencias, ideas e impulso, nos enseñó en Alquería Peter Senge; de ahí la Coordinación de Sueños.

CARLOS ENRIQUE CAVELIER
​carlosenriquecavelier@gmail.com

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