VIERNES, 23 DE FEBRERO DE 2024

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Emilio Sardi

Ventiladores caros

Tras 40 de años de estar en el mercado, la participación de la generación eólica a nivel mundial es apenas el 5% de la total.

Emilio Sardi
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Emilio Sardi

Pareciera qué la tan mentada ‘transición energética’, en aras de satisfacer algún mito, incluye sustituir la matriz de generación eléctrica sólida y confiable con la que cuenta Colombia, por una basada en plantas de generación ocasional e impredecible, como las de energía solar o eólica. Me referiré a esta última.

El uso de la energía eólica no es exactamente novedoso para la humanidad. Hace ya tres mil años los egipcios usaban embarcaciones a vela para desplazarse por el Nilo y los persas usaban molinos de viento desde el siglo quinto de esta era, como los chinos en el doce. Después de alcanzar su pico, hace unos 400 años, se vio substituido por la aparición de mejores alternativas. Aunque sus limitaciones, particularmente su intermitencia, subsisten, recientemente se ha revivido para la generación eléctrica.

El problema es que el viento nunca sopla permanentemente y las plantas eólicas no generan electricidad sin viento. Así como tampoco generan cuando este es muy fuerte, porque recargan el sistema.

Por eso, la capacidad real de generación de los sistemas eólicos es apenas una fracción de la instalada. En Alemania, el promedio de su utilización en 35 años es 18%. Y en Dinamarca, donde cerca del 50% de la capacidad instalada es eólica, apenas el 7% del consumo es suministrado por ella, mientras que la mayor parte es importada de los países vecinos. Al amortizar las gigantescas inversiones de estos sistemas con apenas una fracción de su capacidad, Dinamarca paga la electricidad más cara de Europa.

La capacidad teórica de los 11 proyectos eólicos registrados en Colombia en 2022 (después del retiro de Windpeshi) sumará 1.877 megas. ¿Cuándo? Cuando, en lustros o décadas, puedan terminar su construcción y conexión con el sistema. Si en ese distante entonces logran la productividad alemana, estos proyectos le aportarán al sistema el equivalente a lo que aportaría una térmica de 340 megas, que no tendría sus altos costos, ni sus pérdidas en conducción. No será mucho, pero sí muy caro.

Tras 40 de años de estar en el mercado, la participación de la generación eólica a nivel mundial es apenas el 5% de la total, gracias a gigantescos subsidios y absurdos mandatos gubernamentales, como los decretos del presidente Duque ordenándoles a los distribuidores comprar en 2023 el 10% de sus necesidades a generadores no convencionales inexistentes. Sin esos apoyos, no sería ni el 1%.

Las plantas eólicas cuestan más del doble de lo que cuestan las térmicas, despachan una fracción de su capacidad y requieren costosas redes de transmisión. Además, como no se sabe cuándo van a operar, deben tener el respaldo de plantas térmicas, para cuando ellas paren. Los sobrecostos de estos montajes son brutales y deberán ser pagados por los colombianos vía tarifas o con impuestos. Sin entrar a considerar sus enormes costos ecológicos, no es económico ni práctico embarcar a Colombia en este carnaval para ricos.

EMILIO SARDI
​Empresario

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