análisis

Más allá del café en bolsa

En países como Colombia, lo predominante por años para atenuar las crisis de los productores han sido los pagos directos al productor. 

Alejandro Vélez Goyeneche
POR:
Alejandro Vélez Goyeneche
marzo 14 de 2019
2019-03-14 08:32 p.m.

Fieles a su tradición exportadora, los cafeteros colombianos siempre han defendido el libre mercado, pero en la actualidad han planteado la necesidad de fijar un precio para que su café cubra sus costos y genere un margen de rentabilidad razonable, independientemente del precio especulativo del contrato C de la Bolsa de Nueva York.

Más allá de la realidad que aqueja hoy al sector cafetero y a muchos otros ramos de la producción agrícola, como el aceite de palma y el biodiésel, el azúcar y el etanol, el maíz o la soya, vuelve a quedar en el tapete una discusión de vieja data sobre el desempeño de la producción en condiciones de libre mercado.

El caso del café, toca una arista de la vieja discusión al citar cómo una de las causas de la situación es el factor especulativo que realizan los comercializadores del producto, con lo cual acaparan las ganancias, mientras los que producen viven a expensas de lo que quienes comercializan les dejen.

La realidad refleja que el modelo de libre mercado, ideológicamente aceptable, genera condiciones de inequidad para los productores cuando la libertad de mercado captura las imperfecciones del propio mercado, como son gran cantidad de oferentes y un pequeño número de compradores, cuando los productores de un bien cuentan con apoyos estatales para la producción frente a otros cuyos países no tienen los recursos presupuestales, o cuando simplemente las escalas productivas entre unos y otros someten a los más pequeños a las condiciones de precios que reflejen los menores costos de quienes producen los mayores volúmenes de producción en el mercado.

Algunos países, con amplios recursos, han logrado aislar el precio de los productos de sus productores de los precios de mercado, es así como la volatilidad de los precios internacionales de bolsas, como las de cereales, poco afectan a productores y compradores de los mercados en que operan, en la medida en que el precio de mercado o de bolsa es el que pagan los compradores, pero el ingreso que reciben los productores contiene el componente de valor del mercado y el componente de valor que le brinda la política pública de su país.

Así se han creado diversas formas de garantizar los ingresos de los productores, en el pasado mediante el famoso y extinto Target Price, ahora a través de los seguros al ingreso y el seguro agrícola y otra serie de instrumentos.

En países como Colombia, lo predominante durante muchos años para atenuar las crisis de los productores han sido los pagos directos al productor, pero estos pueden ser, más que ineficientes, inefectivos para lograr que los sectores productivos agropecuarios tengan estabilidad y dejen de ser tan vulnerables a los sobresaltos de los mercados y la volatilidad de los precios.

En algunos casos, es viable recurrir a medidas provisionales de defensa comercial como las salvaguardias, los derechos antidumping y derechos compensatorios como lo hizo Colombia recientemente en el caso de la papa procedente de Europa, o si, como resultado de la investigación en curso, en el caso del etanol, se imponen derechos adicionales a Estados Unidos. Pero, en casos como el del café o el banano, en los cuales más del 90 por ciento de la producción es para exportación, la salvaguarda del mercado local produce efectos irrelevantes y no mejora la situación de los productores.

Entonces ¿qué hacer con tantos productos que se ven afectados por las imperfecciones del mercado, la especulación internacional, la posición dominante de los compradores frente a los productores, cómo contrarrestar las políticas públicas de otros países que reducen artificialmente los precios de mercado?

Algunos claman por los cuestionados apoyos al precio, otros quisieran las medidas en frontera, algunos preferirían el uso de mecanismos de defensa, también se solicitan fondos de estabilización de precios, se formulan propuestas importantes de mejora de los bienes públicos para mejorar eficiencia y reducir costos, y todo ello se constituye en un gran ‘vademécum’ de soluciones, pero el golpe de la realidad es más inmediato, contundente y azaroso.

En el entretanto, los productores de café, la palma, el azúcar o sus derivados, biodiésel y etanol, el maíz y otros, sufren el embate del modelo y viven con la incertidumbre de la volatilidad del mercado, esperando que la producción de algún competidor caiga para que se eleven los precios, que se ponga freno a las distorsiones de mercado generadas por las políticas públicas de otros países, o que un milagro presupuestal derive en el apoyo del gobierno colombiano para que les brinde un apoyo a sus ingresos y, de presentarse el milagrito, esperar a ver quiénes serán los beneficiados.

Esta es la cruda realidad del agro colombiano…

Alejandro Vélez Goyeneche
Analista

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