De Asunción a Bogotá

Redaccion Motor
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Redaccion Motor
junio 29 de 2012
2012-06-29 01:57 a.m.

En la mitad del terremoto causado por el manejo político de la aprobación y sepultura de la reforma Constitucional a la Justicia, que como en pocas ocasiones desencadenó una ola de indignación nacional, dejamos de lado acontecimientos de la política internacional, que de alguna manera nos afectan de forma cercana. Pasaron casi desapercibidas las visitas del Presidente de Corea, nación con el que firmamos un tratado de libre comercio, y la del Primer Ministro del Portugal, quien, con la presencia de empresarios y nuestro eficiente Embajador en Lisboa, Germán Santamaría, dio paso a importantes inversiones en el país.

Pero, igualmente, pocos comentarios recibió lo que acaba de ocurrir en Paraguay, en donde al presidente Fernando Lugo, el Congreso de su país ‘defenestró’ en un acelerado juicio político. Independientemente del desempeño de este exobispo, que derrotó la hegemonía del partido colorado, y de cierta forma los vestigios de la dictadura de Stroess- ner, y que más allá de los problemas derivados del permanente surgimiento de vástagos concebidos cuando oficiaba como Ministro de Dios fue visto en un momento dado como un paso hacia la social democracia en la región, este episodio tiene para nosotros dos lecturas.

De un lado, suena extraño que en cuestión de días –casi de horas– haya prosperado un juicio político contra un mandatario en ejercicio por hechos que en otras latitudes no tendrían la misma gravedad, como el mal manejo de una situación de orden público que dio lugar a la muerte de diecisiete personas.

Es cierto que se cumplieron, desde el punto de vista formal, los trámites de la Constitución paraguaya.

Sin embargo, la sensación que queda es que no hubo una causa jurídica real, sino que estos acontecimientos sirvieron de pretexto para una especie de golpe de estado civil con apariencia de legalidad. Se ha hablado de que el procedimiento pudo ser lícito, pero no legítimo.

Por algo, nuestra canciller María Ángela Holguín llamó a ‘consultas’, como suele decirse en el argot diplomático, a nuestro Embajador en Asunción.

Del otro lado, la comparación es inevitable con nuestro país, en donde prácticamente nunca prosperan los juicios políticos contra los jefes de Estado, así algunos de ellos hayan realizado conductas u omisiones muchísimo más graves que las que se le imputan al exobispo y ahora expresidente.

Un solo caso en nuestra historia demuestra la tesis de la impunidad política en Colombia.

El 9 de noviembre de 1949, en pleno auge de la violencia partidista, el presidente Mariano Ospina Pérez cerró el Congreso por considerar que su funcionamiento era incompatible con el mantenimiento del orden público. Lo que se hizo fue suprimir una de las ramas del poder público.

Y nunca hubo juicio político para Ospina, quien, por el contrario, luego contribuyó al golpe de Estado de Rojas Pinilla contra Laureano Gómez y se convirtió posteriormente en uno de los adalides de la política de entendimiento del Frente Nacional. Al propio Rojas no se le procesó por haber roto la institucionalidad y depuesto al presidente legítimo en 1953, sino por hechos menores cometidos durante su gobierno, de los que a la postre fue rehabilitado y absuelto por la Corte Suprema.

Y ni hablar de hechos más recientes.

Alfonso Gómez Méndez

Jurista - Político gomezgomezabogados@cable.net.co

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