DOMINGO, 14 DE ABRIL DE 2024

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Argumentos contra el decrecimiento

Es totalmente posible mejorar los estándares de vida de la humanidad sin agotar los recursos naturales.

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Quizás el argumento más contundente contra la idea de reducir el crecimiento económico para no acabar con el planeta es que es totalmente posible mejorar los estándares de vida de la humanidad sin agotar los recursos naturales, tal y como lo expone Andy McAfee en su libro More From Less. Los países más ricos del mundo, argumenta el autor, continúan creciendo a la vez que usan menos recursos naturales para lograrlo. En síntesis, el crecimiento económico no significa consumir más recursos, sino encontrar maneras más eficientes de usar los recursos disponibles.

No se trata de negar el calentamiento global, ni de confiar en que todo saldrá bien porque las nuevas tecnologías y formas de producción serán ubicuas alrededor del mundo. El consumo actual de recursos naturales no renovables sigue una tendencia insostenible, aumentando las posibilidades de que suframos consecuencias devastadoras e irreversibles para el medio ambiente global. En efecto, aunque existe una senda de crecimiento sostenible, todavía no estamos transitándola. Quienes apoyan la idea del decrecimiento aducen que dicha senda solo sería posible si dejamos de crecer.

Aunque es una posibilidad real, desafortunadamente no podemos darnos el lujo de elegirla por un problema de economía política: aparte de un puñado de países en el norte de Europa y de algunas voces aisladas como la de Colombia, la idea de reorganizar la producción y reducir el consumo es rechazada mayoritariamente.

Por un lado, imponer el tipo de restricciones que este enfoque supone a países en vías de desarrollo es condenarlos a la pobreza. Incluso si se hiciera una redistribución equitativa de la riqueza actual global, el ingreso por habitante se congelaría en alrededor de US$17.000 por persona, algo así como el ingreso per cápita actual de China o unas tres veces el ingreso de un colombiano. Nada mal, pero esto supondría convencer, o forzar, a todos los habitantes del mundo desarrollado para que donen su riqueza en favor de los más pobres, algo políticamente inviable.

Incluso, si se les exigiera a los países desarrollados frenar su crecimiento, o decrecer, mientras el resto del mundo sale de la pobreza, las emisiones de CO2 aumentarían insosteniblemente dado que los grandes emisores hoy en día son las economías emergentes. Tampoco sería viable pedirle al mundo en desarrollo que reduzca sus estándares de vida.

Hay mejores alternativas para salvar el planeta y los abanderados del decrecimiento pueden jugar un papel central si así lo quieren. En lugar de insistir en la necesidad de reducir el crecimiento económico, todos deberíamos movilizarnos para conseguir que se adopten las tecnologías y políticas que han permitido a países ricos crecer usando menos recursos. Esto incluye adoptar energías limpias, reducir las emisiones en los procesos industriales, frenar la deforestación, acabar con la minería ilegal y otras actividades que nos podrían llevar a vivir una tragedia de los comunes, pero que por medio de la acción colectiva podemos lograr sin sacrificar calidad de vida para todos.

ÁLVARO MORENO GARCÍA
Profesor Inalde Business School.

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