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DOMINGO, 14 DE ABRIL DE 2024

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¿Aterrizaje suave?

Aunque la desaceleración del consumo era predecible, sorprendió la importante caída en inversión.

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En 2023, ‘aterrizaje suave’ se convirtió en la frase más repetida entre los analistas económicos. Los timoneles de la economía mundial se vieron obligados a tomar medidas contractivas para contrarrestar el sobrecalentamiento provocado por las políticas expansivas adoptadas tras la pandemia. La gran incógnita era cómo enfriar la economía sin precipitar una recesión.

Aunque la economía mundial, liderada por Estados Unidos, parece avanzar hacia este deseado aterrizaje, con una inflación descendente y un crecimiento aún positivo, las advertencias del Fondo Monetario Internacional nos recuerdan que no es momento de bajar la guardia. El ritmo de expansión sigue siendo lento y podrían presentarse turbulencias en el horizonte. Las tensiones geopolíticas, los riesgos fiscales y la incertidumbre del sistema financiero se convierten en potenciales desafíos que pueden desencadenar un aterrizaje fuerte.

Colombia ilustra esta compleja situación. Tras registrar un destacado crecimiento del 11,0% en 2021 y 7,3% en 2022, impulsado por políticas fiscales y monetarias expansivas, así como condiciones externas favorables, la economía enfrentó un brote inflacionario, un balance externo altamente deficitario y elevados niveles de deuda en los hogares, signos claros de sobrecalentamiento.

Las autoridades reaccionaron. El Banco de la República endureció su política monetaria llevándola a su nivel más alto en lo corrido del siglo. Como resultado natural, se espera que el crecimiento del PIB para 2023, que se publicará hoy, esté entre 1% y 1,2%, una notable desaceleración. La inflación comenzó a ceder desde el segundo trimestre y ha mantenido su tendencia desde entonces, lo que ha permitido al Banrepública iniciar su ciclo de reducción de tasas. Sin embargo, es demasiado pronto para celebrar.

El ajuste está en curso y, como es habitual, la parte final suele ser la más difícil. El Emisor debe tener cuidado de no relajarse prematuramente, lo que podría provocar un nuevo repunte inflacionario.
Esto debe ir acompañado por una comunicación clara y asertiva que dirija este aterrizaje. El sector externo ha experimentado una corrección, explicada por una marcada caída en las importaciones, lo cual es un síntoma de un preocupante desplome de la demanda interna.

El gasto público no se ha ajustado y está al límite del cumplimiento de la regla fiscal, generando incertidumbre tanto por el desequilibrio entre gastos e ingresos como por la falta de margen de maniobra ante eventuales choques.

A todo esto se suma el riesgo más relevante a mediano plazo. Aunque la desaceleración del consumo era predecible, sorprendió la importante caída en inversión. Esta se mantiene estancada y pone en duda la gasolina para el crecimiento potencial y aleja la posibilidad de despegar de nuevo prontamente. La incertidumbre, como la generada por el decreto reglamentario del presupuesto, recrudece esta situación. Abróchense el cinturón. Aunque hemos iniciado la fase de aterrizaje, su suavidad o dureza dependerá de la capacidad de nuestros timoneles para realizar los ajustes necesarios, reactivar la inversión y de los vientos externos que recibamos durante este proceso.


César Pabón Camacho

Director Ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

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