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Ricardo Gaitán

Contaminación vs. Conectividad

El sistema SpaceX busca prescindir de las antenas de fibra óptica ubicadas en edificios o torres metálicas.

Ricardo Gaitán
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Ricardo Gaitán

En septiembre pasado, la red Starlink de SpaceX lanzó 22 satélites de segunda generación, ampliando a más de 4.600 el número puesto en órbita. La empresa aeroespacial creada por Elon Musk espera alcanzar los 12.000 satélites en la primera etapa del proyecto, que tiene como objetivo llevar internet a cada rincón del planeta.

Cada uno de estos ‘diminutos satélites’ tiene un peso de 250 kilos y está equipado con paneles solares que se despliegan una vez en órbita, lo que permite obtener la energía solar necesaria para enviar y recibir información; al final de su vida útil salen de la órbita por sí solos y se desintegran en la atmósfera terrestre.

El sistema SpaceX busca prescindir de las antenas de fibra óptica ubicadas en edificios o torres metálicas y puedan enlazarse directamente a sus satélites, lo que facilita una conexión más rápida y estable, inclusive en zonas apartadas donde no hay acceso a internet.

Los Starlink se ubican en la órbita baja de la Tierra a una distancia de 550 kilómetros del suelo, por lo cual se requieren miles de satélites para lograr amplia cobertura. La altura promedio de la órbita baja (Low Earth Orbit), LEO, por sus siglas en inglés, está entre los 700 y 1.400 km.

Los grandes satélites de telecomunicaciones (equivalentes al tamaño y el peso de un automóvil o autobús), como los de Viasat y HughesNet, están situados en órbitas más lejanas como la órbita media terrestre (Medium Earth Orbit), MEO ubicada entre 9.000 y 20.000 km de altura y la órbita alta terrestre (High Earth Orbit), HEO ubicada a 38.000 km, sobre el ecuador terrestre.

La idea de crear una red de comunicación por internet satelital, que proporcione acceso de alta velocidad y baja latencia para que toda persona, viva donde viva, es uno de los desarrollos más audaces y rentables de Musk. A modo referencia, el valor de un satélite ‘grande’ puede alcanzar los US$550 millones, mientras el valor de un Starlink es mínimo.
Ahí están ‘las estrellas ocultas de Elon Musk’, en otras palabras, su estrategia de negocio.

Los astrónomos sostienen que el espacio se está llenando cada vez más con satélites que producen contaminación visual, ya que generan un problema para las observaciones de los telescopios espaciales, por lo que ponen en dificultad la astronomía. El suizo Didier Queloz -ganador de un Nobel de Física- ha solicitado repetidamente al empresario Musk: “por favor, deja de contaminar el cielo con Starlink y de impedirnos estudiar el universo”.

Sin embargo, expertos en ingeniería aeroespacial sostienen que para que ocurra una verdadera contaminación se necesitarían millones de estos pequeños satélites puestos en la órbita baja de la tierra. Así las cosas, queda una duda en el ‘vacío’ que no se podrá responder todavía: ¿Contaminación espacial o conectividad total?

RICARDO GAITÁN
Consultor de marca.

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