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Beethoven Herrera Valencia
Columnista

Más Margulis, menos Darwin

El mecanismo evolutivo que descubrió Margulis revela que cooperar podría ser la única esperanza de salvarnos a
nosotros mismos y al planeta. 

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia

En 1967 Lynn Margulis publicó su trabajo “Sobre el origen de las células mitóticas” y en 1970 publicó “Origen de las células eucariotas”, y en ellos demostró que no es sólo el más fuerte o el más apto quien sobrevive, sino que es fundamental que los organismos cooperen para que la evolución avance. Recientemente la bióloga Sabina Caula y la filósofa Sandra Caula publicaron un artículo mostrando el escepticismo y burla con que fueron recibidas las tesis de Margulis y el ostracismo al que fue sometida.

La teoría evolucionista de Darwin surgió en Inglaterra en el siglo XIX, en plena revolución industrial y sostenía que la evolución es producto de una selección natural por la competencia feroz entre individuos. Y en el orden político se postuló que la autonomía personal es conquista irrenunciable de las democracias, pero la destrucción medioambiental que ha conducido al cambio climático obliga a preguntarse si esa concepción es sostenible.

Elinor Östrom sostuvo que si se extreman las regulaciones estatales puede llegarse a ineficiencias y si se permite la competencia sin controles se agotarán los recursos. Propuso entonces la “economía de los comunes” según la cual, las comunidades son capaces de decidir la forma de usar los recursos naturales evitando su agotamiento.

Los adelantos en biología molecular y la secuenciación del ADN probaron que Margulis, quien murió en 2011, tenía razón por lo cual fue tardíamente reconocida con varios premios. Su tesis dice que las células complejas (eucariotas) se originaron de células sencillas (procariotas) que se integraron en una relación de beneficio mutuo (simbiosis).

Si una célula integrada tenía habilidades diferenciadas -capacidad para respirar oxígeno o procesar energía solar-, compartía esas ventajas con la hospedante y esta, a su vez, le ofrecía un medio estable y rico en nutrientes. Ese es el origen de los órganos internos celulares (los organelos), como las mitocondrias (pulmones celulares) y los cloroplastos (los fotosintetizadores).Margulis demostró que la cooperación origina uno de los más importantes saltos evolutivos: de células simples a complejas, sin el cual no habría organismos pluricelulares y la vida se reduciría a un conglomerado de bacterías. La simbiogénesis -asociación, integración y cooperación entre diferentes especies para originar nuevas formas de vida- tuvo que aceptarse entonces como una fuerza evolutiva esencial.

El darwinismo, endiosado por el neoliberalismo asume que la competencia es natural y prioriza el egoísmo sobre el altruismo, y la vida y relaciones sociales se asumieron como una competencia natural. Pero ¿cómo se podría evitar el calentamiento global sin restringir las libertades individuales?

La pandemia reveló presupuestos insuficientes en salud y fue imposible suspender las patentes de las vacunas para producir genéricos para países pobres: los países ricos acapararon la mayor cantidad de dosis. ¡Y millones de dosis de esas vacunas acaparadas no se utilizaron.

El mecanismo evolutivo que descubrió Margulis revela que cooperar podría ser la única esperanza de salvarnos a nosotros mismos y al planeta.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Colombia y Universidades Javeriana y Magdalena

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