DOMINGO, 14 DE ABRIL DE 2024

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Carlos

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Mi balance de Davos

El mundo está dividido, polarizado, y por eso el tema del Foro este año fue ‘reconstruyendo confianza’.

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Ir al Foro Económico Mundial que se realiza en Davos, Suiza, todos los años, es como asistir a la función de las mejores películas que se han realizado en el mundo, pero todas al mismo tiempo, ocurriendo todo el tiempo sin parar, durante una semana. Es una vorágine para el intelecto (y para el cuerpo) aprehenderlo todo, vivirlo todo, escoger bien; todo a 10 grados bajo cero.

La mayoría de las personas que asisten al Foro tienen una estrategia premeditada: lograr un negocio con un ejecutivo global que solo se encuentra allá, encontrar a la persona que dirige la organización que está cambiando la manera de pensar en el mundo sobre el cambio climático, la inteligencia artificial, la geopolítica, el comercio, el futuro, acercarse a un gobierno con intereses de inversión específicos.

En mi caso, mi objetivo era entender mejor la conversación global y actual de diversidad, equidad e inclusión y el futuro del trabajo. Pero resulta que todo está conectado, y ya no podemos hablar del futuro del trabajo sin hablar de inteligencia artificial y cómo nos va a ayudar (o impedir) entender en tiempo real las necesidades de los grupos discriminados y de todos los trabajadores/as.

No podemos entenderlo sin hablar de las nuevas ‘habilidades verdes’ que vamos a necesitar para abordar el cambio climático cada persona desde nuestro rol; o sin hablar de la brecha digital, los avances que van a potenciar a muchas personas y empresas en países de alta conectividad y de alta alfabetización digital, y a empobrecernos más a quienes no contamos con estas características.

En el camino de entenderlo todo en Davos terminamos enamorándonos de personas y culturas que nunca hubiéramos creído similares; los africanos bailan después de sus paneles (sí, sobre los escenarios), los suecos invitan a miles de personas a comer albóndigas, los belgas invitan a conocer a Bill Gates, los emiratíes abren una casa entera para tomar chai, oír música y comer gratis, los medios de comunicación abren sus puertas para transmitirlo todo, los nuevos primeros ministros más jóvenes del mundo toman onces con transeúntes.

El mundo está dividido, polarizado, y por eso el tema del Foro este año fue ‘reconstruyendo confianza’. Así, cuando uno ve conversaciones o discursos frente a frente de quienes creemos son ‘naciones opuestas’ o quienes creemos tienen visiones o valores radicalmente opuestas, entendemos que no, que teníamos una visión sesgada, localizada, un discurso alimentado por miles de otros sesgos institucionalizados, y podemos generar perspectiva. Incluso, nuestros propios representantes nos desconciertan más que aquellos que parecían lejanos (al menos eso puedo decir de los gobernantes latinoamericanos).

Esa es la magia de Davos; uno sale con mucho más de lo que su estrategia previa le permitió concebir, con la certeza (que es a la vez preocupación) de que definitivamente estamos interconectados y de que no solo nos necesitamos para resolver los problemas más apremiantes del mundo, sino que nos damos sentido mutuamente como seres humanos, en nuestra diversidad. Y en medio de todo encontré a los representantes globales de las empresas que avanzan más en diversidad, equidad e inclusión, y que podrán ayudarnos a avanzar la agenda en Latinoamérica.

Aún así, la conversación sobre equidad, diversidad e inclusión del Foro Económico Mundial no fue la más interesante en la que he estado, pero la inmersión experiencial en la montaña donde se reúne el mundo entero, sí que lo fue: es la verdadera institucionalización de lo ‘global’, y ese es su valor.

Mia Perdomo
CEO de Aequales, Young Global Leader

Mia Perdomo

Mia Perdomo, CEO de Aequales, Young Global Leader.

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