DOMINGO, 03 DE MARZO DE 2024

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Jorge Restrepo

Cada vatio cuenta

En Colombia agua y energía son casi un sinónimo gracias a la gran capacidad de generación eléctrica con fuentes hídricas.

Jorge Restrepo
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Jorge Restrepo

Una situación de riesgo requiere no sólo una correcta estimación de la probabilidad de que ocurra un hecho adverso, sino también una planeación de las capacidades que es necesario fortalecer para hacer frente a una amenaza que, en últimas, es la que genera el riesgo.

Colombia ha logrado enfrentar en el pasado reciente situaciones de riesgo inesperadas, sobrevinientes, con relativamente buenos resultados, como ocurrió con el anterior fenómeno de El Niño, la posterior ola invernal durante La Niña, y con la pandemia de covid-19.

El fenómeno de El Niño, que ya está afectando hace al menos dos meses a la región, muy probablemente será fuerte, y durará hasta abril o mayo de 2025, como lo muestran las estimaciones de la NOAA, organismo meteorológico que construye un consenso científico con diferentes autoridades del hemisferio.

Este Niño nos encontró en noviembre, cuando comenzó la temporada seca, con suficiente reserva en los embalses -cerca de 13.000 gigavatios hora, de algo más de 17.000 gigavatios de capacidad potencial- pero mucho menor que la de hace un año de 15.400 gigavatios hora, (según datos de XM). Hemos debido ahorrar. Como no lo hicimos, es necesario ahorrar más ahora para reducir el riesgo. En Colombia agua y energía son casi un sinónimo gracias a la gran capacidad de generación eléctrica con fuentes hídricas. Pero esa misma capacidad en el caso de la energía eléctrica es lo que nos hace vulnerables a fenómenos como El Niño, más aún en un escenario de cambio climático que puede hacer más fuerte ése fenómeno.

El Niño podría generar desabastecimiento y hasta racionamiento, llevar a que los agricultores pospongan la siembra, generar inseguridad alimentaria y problemas sanitarios en regiones con problemas de abastecimiento de agua potable y agravar conflictos por el uso del agua. Un Niño fuerte tiene consecuencias macroeconómicas adversas, inflacionarias y recesivas, como lo han mostrado varios estudios recientes.

Como es improbable que los proyectos de generación con fuentes de energía renovable entren en operación en el corto plazo, la única respuesta posible para enfrentar El Niño es ahorrar. En 2015, la salida de operación de dos centrales de generación hidroeléctrica nos pusieron en emergencia. La respuesta para superar la crisis fue ingeniosa: un esquema de ahorro en el que el Gobierno puso a competir a las ciudades por ver cuál lograba ahorrar más energía eléctrica.

El efecto fue inesperado: se logró el ahorro y el Gobierno no tuvo que hacer lo que muchos economistas clamamos que hiciera, un aumento de precios de la energía eléctrica: con ese empujón inteligente, ideado por la encargada del ministerio de Minas y Energía, la eficaz María Lorena Gutiérrez, se logró superar la crisis al comienzo del 2016, y el precio de la energía subió solo para el consumo “suntuario” de los hogares.
#ApagarPaga, se llamó tal campaña, que en realidad era más una competencia, un “nudge” para un comportamiento virtuoso. Estamos en mora de reiniciarla.

JORGE RESTREPO
​Profesor de economía Universidad Javeriana
X: @jorgearestrepo

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