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Gonzalo Gallo González

Día de muertos vivos

La muerte es sólo un paso entre vidas y nadie está muerto. Hay vida en eso que llamamos el más allá.

Gonzalo Gallo González
POR:
Gonzalo Gallo González

Los dos primeros días de noviembre los hermanos mexicanos celebraron su mal llamado ‘día de muertos’, porque ellos viven y, por eso, les hicieron altares con su foto, comida, flores, velas, sal, colores y copal. Creen que vienen, y así es, porque nadie está muerto. Todos partimos cuando es, ni antes, ni después. Eso lo programas con Dios antes de venir.

Allá, en la otra dimensión, hacemos un plan de vida y elegimos un tipo de muerte según lo que hay que aprender y enseñar. Es lo que hizo Jesús, y su misión amorosa incluía una terrible muerte en cruz. Dios no te quita a nadie; en México lo hace la calaca. La muerte trágica o accidental de un ser bueno cambia vidas, toca corazones y es un acto de amor de quien trasciende. Así fue la de Gandhi y Martin Luther King.

De muchas muertes nacen lindas fundaciones como Carla Cristina y Ximena Rico para niños pobres de Medellín.

Pregúntate para qué murió tu ser querido, en lugar de atormentarte con lacerantes porqués. En el más allá hay moradas o niveles y compartes con los que puedes, según lo que sembraste. El infierno no existe, es solo un símbolo del desamor que se lleva quien hace daño, pero no hay castigos eternos.

Hay vida en la muerte. Pensar, leer y meditar sobre ese paso ayuda a aceptarlo y que la sacudida sea menos fuerte. Vive en paz y en paz partirás, aunque te maten. Vive libre de apegos, odios y miedos, y podrás irte sereno y sin temor.

La muerte es sólo un paso entre vidas y nadie está muerto. Hay vida en eso que llamamos el más allá. En el otro lado, cielo o nirvana hay vida, unión, paz, amor y luz. A los difuntos les permiten a veces comunicarse con nosotros, en especial recién partidos. Lo hacen a través de mariposas, pajaritos, libélulas, plumas, su perfume o su energía. El medio más común es en sueños, a través de un aroma, una canción o su energía de amor.

Es bueno que los niños vayan al funeral y el entierro para tener evidencias físicas de la muerte. Así no sufren fantaseando. Al morir nadie te juzga, tú mismo te evalúas y retornas para avanzar en el lento proceso de evolucionar espiritualmente.

En la muerte hay vida y en la vida hay muerte; al nacer morimos y al morir volvemos a nacer. Y todo esto, como sucede con las verdades esenciales, no es para desmenuzarlo con una lógica fría.

Aún es un tabú hablar de la muerte, pero ella siempre está ahí. Hace años ayudo a morir y encuentro a muy pocos preparados. Para eso escribí mi libro 7 claves para vivir y morir bien. Te invito a leerlo y te preparas bien para ese trance tuyo o de los que amas.

Gonzalo Gallo G.
Escritor y conferencista.

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