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Mauricio Reina

La espada de Bolívar

El debate que se ha puesto sobre la mesa trasciende lo puramente semántico y alude a la esencia misma del devenir de un país.

Mauricio Reina
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Mauricio Reina

Los actos de conmemoración de los cincuenta años del robo de la espada de Simón Bolívar, perpetrado en 1974 por miembros del grupo guerrillero M-19, han generado un importante debate en el país. Según el Ministro de Cultura, cabeza del entre organizador de los eventos, se trata de una oportunidad para reflexionar sobre lo acontecido, para resignificar el hecho y para complejizar el relato histórico sobre el mismo.

Y lo cierto es que esos objetivos se han logrado con creces. En las últimas horas, hemos atestiguado un intenso debate acerca de si el episodio constituyó un robo o una recuperación, como lo han señalado miembros del mismo grupo hoy integrados a la legalidad y como lo ha afirmado la misma Presidencia de la República en su cuenta de X.

El debate que se ha puesto sobre la mesa trasciende lo puramente semántico y alude a la esencia misma del devenir de un país. Lo que se está discutiendo en el fondo son cuestiones de gran calado como las siguientes. ¿Cómo se consiguen las grandes transformaciones sociales en un país como el nuestro? ¿Por la vía de las ilegalidad o por el camino de las instituciones?

El robo de la espada del Libertador de la Quinta de Bolívar hace medio siglo constituyó un acto violatorio de las normas, las de entonces y las del presente, y en tal medida constituye un acto delincuencial. 'Resignificar' esas normas o el sentido del acto que las violó, denominándolo 'recuperación', implica dos cosas. Por un lado, la relativización de las leyes, que bajo esta mirada serían pautas flexibles que podrían ser violadas sin problema, dependiendo de quien las viole y con qué objetivos. Por otro lado, la legitimación de los actos delincuenciales como motor de las transformaciones sociales.

Ahí está precisamente el meollo del asunto. ¿Las transformaciones sociales en Colombia, que sin lugar a dudas son necesarias y apremiantes, se deben lograr por la vía legal o ilegal? En la historia misma del M-19 está la respuesta. Cuando fue un grupo guerrillero, cometió diversos actos ilegales como el robo de la espada de Bolívar, el asesinato de José Raquel Mercado, la toma del Palacio de Justicia y tantos otros que hacen parte de tristes páginas de la historia nacional.

Después, el grupo optó por integrarse a la legalidad y jugar con las reglas de juego de las instituciones, iniciando un proceso político que ha llevado a uno de sus miembros a ser hoy Presidente de la República y a impulsar reformas. Este hecho demuestra que las fuerzas transformadoras pueden germinar en el campo legal e institucional.

Resulta paradójico, por decir lo menos, que ese mismo gobierno exalte ahora los actos ilegales que erosionan las instituciones, 'resignificando' el sentido de un acto delincuencial y de paso, dando argumentos a los más de treinta grupos ilegales que desde hace años tienen asolado al país.

MAURICIO REINA
Investigador Asociado de Fedesarrollo.

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