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Camilo Herrera Mora

Ley de Oro 2.0

No se puede hablar de cumplir las normas de tráfico sin entender que el derecho a la movilidad no está por encima del derecho a vivir.

Camilo Herrera Mora
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Camilo Herrera Mora

Es impresionante ver la arrogancia de un peatón al pasar la calle, cuando un carro intenta girar a la derecha mientras el semáforo peatonal está en verde; lo es también la del conductor, cuando pita al peatón pasando fuera de la zona peatonal; la mirada crítica de un ciclista en la ciclovía cuando un peatón entra en su camino.

Quizás usar la movilidad como ejemplo suene extraño, más en un mundo de cancelación hablar de otras cosas generaría un debate que desviaría la atención del mensaje y de alguna manera todos somos conductores y/o peatones, lo que nos permite comprender que tenemos un problema de base: siempre creemos que llevamos la vía y eso no es cierto.

Pero la necesidad de tener la razón, en algunos casos, nos transforma en los dueños de una moral temporal, irrestricta e impositiva con los demás, lejos de la empatía, la comprensión del otro, causando la miopía de los derechos al ver los deberes como mínimos.

Hay quienes, por hacer las cosas dentro de la moral de moda, se sienten los dueños y jueces de las acciones de los demás. No existe un derecho sin un deber detrás.

No se puede hablar de cumplir las normas de tráfico sin entender que el derecho a la movilidad no está por encima del derecho a vivir y que el derecho a los nuevos derechos nunca estará por encima de los deberes básicos de respetar al otro.

Se trata de cumplir las normas y comprender que el otro se puede equivocar: nadie se quiere estrellar, solamente es un accidente que desata la violencia oculta en el otro.

No nos gustan las normas, porque ponen al otro primero que a nosotros y en nuestro egoísmo natural, esto hace que las despreciemos en silencio, cayendo en el espiral negativo de no cumplirlas y hacer que otros no las cumplan, pasando de ser los beneficiados de la trampa, a ser inevitablemente sus víctimas.

Todos creemos que hay cosas que están bien y otras que están mal, y desde esta moral individual juzgamos a los demás por actuar diferente, porque si aceptamos que el otro tiene la razón, debemos asumir que estábamos equivocados y nuestra vanidad no aceptará esto, causando que todo comentario, opinión y critica a lo que creemos, lo veamos como un ataque personal, porque afecta directamente nuestras creencias y, por lo tanto, nuestra identidad.

Quizás aún es momento de reversar la ley de oro: “no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti” y cambiarla por “haz a los demás lo que te gusta que te hagan a ti”.

Porque, como en el amor y el sexo, es la mejor forma de decirle al otro que nos gusta, que queremos, que deseamos y así obtener lo que esperamos.

Demos el paso, saludemos, digamos gracias, ayudemos, porque eso es lo que la mayoría queremos que nos hagan. No es difícil.

CAMILO HERRERA MORA
​Fundador de Raddar

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