Andrés Espinosa Fenwarth
columnista

Castillo, rojo de hoz y martillo

Castillo no tiene experiencia política ni influencia al interior de Perú Libre, el partido de gobierno con la representación parlamentaria más débil.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
julio 27 de 2021
2021-07-27 07:00 p. m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c785bc27f1c.png

Resulta paradójico que precisamente el día de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Perú promulgada en la Plaza Mayor de Lima por el General José de San Martín el 28 de julio de 1821, el pueblo soberano le hubiera entregado las llaves de la Casa de Pizarro al comunismo primario de Pedro Castillo. Su elección marca un hito nacional y regional, que sepulta el fujimorismo en Perú y favorece las tesis socialistas impulsadas por el Foro de de São Paulo concebido por Fidel Castro y Lula da Silva hace 30 años.

El establecimiento peruano se encuentra en alerta máxima. A la par de Colombia y Chile, Perú es la joya de la corona de la economía de mercado latinoamericana, al menos hasta ahora. El triunfo de Castillo, candidato presidencial promovido por Perú Libre, el partido marxista, leninista e indigenista liderado por el comunista cavernario, Vladimir Cerrón, ha suscitado una fuga de capitales sin precedentes en Perú y la consecuente devaluación de la moneda. El sol peruano ha perdido el 10% de su valor frente al dólar desde la primera vuelta del 11 de abril, a pesar de que según JP Morgan, el Banco Central ha dilapidado US$11.000 millones de las reservas internacionales en su defensa, equivalente al 5,4% del PIB.

Castillo propone cambiar los fundamentos capitalistas peruanos por una “economía popular con mercados”. El Estado, sostiene Castillo, debe adoptar una actitud intervencionista en la economía, que puede afectar adversamente la estabilidad de la inversión extranjera, e incluir la renegociación de las utilidades que reparten las compañías transnacionales, especialmente las mineras, incluso avanzar hacia su nacionalización, como hiciera el presidente socialista chileno, Salvador Allende, en 1971.

Castillo ha sido cauteloso desde el cierre de los comicios de la segunda vuelta celebrados hace mes y medio, en espera de la proclamación presidencial proferida la semana pasada por la Junta Nacional Electoral. Su equipo de transición -y semillero de su gabinete ministerial- incluye voces moderadas que pronostican un fuerte enfrentamiento político con el ala radical de Perú Libre.

A diferencia de sus predecesores, Castillo comenzará su administración con solo una vicepresidencia, Dina Boluarte, habida cuenta de que Cerrón fue invalidado como candidato al ser condenado por corrupción en su gestión como gobernador de la céntrica región andina de Junín.

Castillo no tiene experiencia política ni influencia significativa al interior de Perú Libre, el partido de gobierno con la representación parlamentaria más débil de los últimos años, 37 de 130 escaños. Realidad que le augura a Castillo serios problemas de gobernabilidad, que pueden comprometer la duración de su mandato y el cumplimiento de sus promesas de campaña, en particular, la convocatoria de una Asamblea Constituyente que modifique la Carta Magna vigente desde 1993 y la estatización de la economía peruana.

Andrés Espinosa Fenwarth
Miembro del Consejo Directivo del ICP
andresespinosa@inver10.co

Destacados

  • OPINIÓN
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • TENDENCIAS

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes