Andrés Espinosa Fenwarth

El Emisor y el desplome industrial

El derrumbe industrial se origina primordialmente por la disminución de la demanda doméstica por bienes de origen nacional.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
enero 30 de 2013
2013-01-30 12:07 a.m.
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Los datos preliminares del último trimestre del 2012 confirman la desaceleración de la actividad manufacturera y el deterioro de las expectativas del sector. El desplome industrial de 4,1% observado en noviembre del año pasado generó una amplia preocupación en el seno de la Junta Directiva del Banco de la República de esta semana.

Según el Dane, de los 48 subsectores industriales, 33 registraron una desmejora en sus niveles de producción. Las ventas de la industria disminuyeron 0,9% en relación con el año anterior; el personal ocupado por el sector manufacturero bajó 0,5% respecto al 2011 como resultado de la caída del 2,2% en los contratos a término fijo. El déficit comercial del sector industrial –exportaciones menos importaciones– ascendió a US$27.471 millones a noviembre del 2012, el más elevado de la historia económica colombiana. 

Los indicadores del sector fabril revelan un notorio deterioro desde hace dos años. Durante noviembre del 2010, la producción industrial creció 4,5% en relación con el 2009. En aquel entonces, 34 de los 48 subsectores que componen el sector de manufacturas en Colombia registraron niveles significativos de crecimiento; igual ocurrió con las ventas y el personal ocupado de tiempo completo. Desde entonces, se evidencia un exceso creciente de capacidad industrial ociosa, que contribuyó a reducir la tasa de interés de intervención del Emisor al 4%.

El deterioro del sector fabril colombiano responde a la fragilidad de los mercados externos. Cierto. Sin embargo, el derrumbe industrial se origina primordialmente por la disminución de la demanda doméstica por bienes de origen nacional, que en varios sectores es desplazada por productos importados. Este es el caso de las cadenas textil-confecciones, calzado, manufacturas de cuero, siderurgia y autopartes, además de alimentos procesados del sector agroindustrial. 

La reforma arancelaria estructural de 2010-2011, que rebajó unilateralmente y sin concertación el arancel promedio de 12,2% a 8,3%, y luego a 6,5%, favoreció la caída de la industria; su costo fiscal supera el billón de pesos anuales, recursos que hubieran podido fomentar la política industrial, en lugar de exponer erróneamente al sector manufacturero a una competencia desleal como la que campea actualmente. La revaluación del peso también ayuda a arrinconar al sector productivo y agroexportador colombiano, obligando al Emisor a incrementar la compra de divisas. 

La inaudita insuficiencia de infraestructura nacional pone también en calzas prietas al sector productivo. Asombra confirmar que Colombia tiene mayores costos promedio por contenedor de importación y de exportación que África, América Latina y el Caribe, Asia, Europa y Oriente Medio. ¡Así, no hay quien compita! 

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