Andrés Espinosa Fenwarth
columnista

¿‘Fracking’ o dependencia energética?

Resulta fundamental revertir las medidas cautelares impuestas contra las normas que regulan la explotación de yacimientos no convencionales.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
noviembre 27 de 2018
2018-11-27 09:40 p.m.
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Hace 100 años, la concesión De Mares cambió la historia del país al emprender la explotación petrolera en el pozo Infantas 2, ubicado a 22 km de Barrancabermeja. Actualmente, el país cuenta con una sólida y bien manejada empresa estatal, Ecopetrol, sumado a un grupo de 50 compañías privadas –nacionales y extranjeras–, que invierten millonarios recursos en la exploración y explotación de hidrocarburos en pozos convencionales, nuevas cuencas, costa afuera y recobro mejorado.

No obstante, como afirma Francisco José Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, “somos dubitativos y contradictorios” en política energética. En efecto, por un lado, decidimos desarrollar los yacimientos no convencionales hace 10 años, pero, por el otro, no hemos comenzado su fase exploratoria, cuya inexplicable moratoria se arropa en un supuesto nacionalismo fraguado artificialmente contra el fracking, con campañas mediáticas originadas y financiadas desde Rusia, nación que se siente amenazada por el desempeño energético derivado del fracking en Estados Unidos.

Ciertamente, la revolución del fracking comenzó en Norteamérica, cuya explotación modificó el panorama energético global. Entre el 2006 y el 2018, Estados Unidos pasó de producir 5 a 12 millones de barriles diarios de crudo gracias al fracking, técnica de explotación de hidrocarburos de fracturación hidráulica que explica el 40 por ciento de su producción. Así, Estados Unidos se convirtió en el primer productor mundial de petróleo por encima de Arabia Saudita. En materia gasífera, Estados Unidos recuperó su autosuficiencia, se convirtió en gran exportador y hoy es referente de mercado, superando, incluso, a Rusia, que domina las dos terceras partes del espacio europeo.

En Colombia, la producción de yacimientos convencionales de hidrocarburos se encuentra en preocupante declive, al igual que las reservas probadas, con lo cual la ominosa dependencia energética se encuentra a la vuelta de la próxima década.

Efectivamente, el país cuenta con 1.782 millones de barriles de crudo de reservas y una producción promedio de 870.000 barriles diarios, con lo cual solo mantendremos nuestra autosuficiencia petrolera durante los próximos 5 años y 10 años en gas.

En consecuencia, la prioridad de política energética del Gobierno Nacional debería ser, precisamente, salvaguardar la independencia energética. Para ello, es forzoso que la Comisión de Expertos, creada para el efecto, apoye la gestión de Ecopetrol y su plan piloto de exploración de hidrocarburos en yacimientos no convencionales en el Magdalena Medio, que permita consolidar una etapa posterior de explotación de petróleo y gas, habilite el incremento de las reservas y garantice el autoabastecimiento energético de nuestro país para las próximas generaciones.

Por último, resulta fundamental revertir las absurdas medidas cautelares impuestas contra las normas oficiales que regulan la explotación de yacimientos no convencionales por parte del Consejo de Estado, que, en lugar de abordar la legalidad de las actuaciones afectadas, decidió valorar los aspectos ambientales de normas técnicas que no son ambientales, determinación fundamentada en una errada interpretación del principio constitucional de precaución, que nos condenaría, irremediablemente, a la dependencia energética.

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