Andrés Espinosa Fenwarth
columnista

Japón excluye al agro nacional

En suma, cerrar las negociaciones con Japón sin agricultura sería el peor negocio de la historia comercial de Colombia.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
marzo 06 de 2018
2018-03-06 09:37 p.m.
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Por estos días hemos tenido conocimiento de la honda preocupación de nuestro sector privado agropecuario, representado por su gremio cúpula, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), según la cual Japón prácticamente excluye del proyecto de Acuerdo de Asociación Económica que se negocia desde diciembre del 2012 los intereses comerciales, actuales y potenciales, de Colombia.

Desde el inicio de las negociaciones bilaterales, el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca japonés ha obstaculizado de manera sistemática los productos de interés prioritario de Colombia, situación que afecta significativamente las oportunidades reales de acceso en este mercado altamente desarrollado de 127 millones de personas en carnes y preparaciones de res, pollo y cerdo, lácteos, piña, margarinas, azúcar crudo y refinado, productos con azúcar, panela, confitería, chocolates, pastas, galletas y preparaciones de café.

Para compensar esta actitud ultraproteccionista, el país asiático ofrece cuotas sin desgravación arancelaria, calificadas con tino por la SAC como “irrisorias”, representadas por 2 toneladas de yogurt, 10 toneladas de queso, 120 toneladas de pollo, 650 toneladas de carne de bovino y 1.000 toneladas de cerdo. En contraprestación a esta absurda impostura mercantil, Japón exige acceso inmediato –o a corto plazo– en todos los bienes industriales de su interés, como automóviles, motocicletas y electrodomésticos, desbalance comercial a todas luces inadmisible. Razón suficiente para que la SAC le solicite al alto Gobierno que impida la culminación de esta negociación en los términos planteados, especialmente a la luz la firma –el 8 de marzo próximo en Chile– del Acuerdo Global y Progresivo para la Asociación Transpacífico con 11 naciones que lidera Japón –sin Estados Unidos– en condiciones agrícolas mucho más favorables para sus socios comerciales en la región, Canadá, Chile, México y Perú.

En Japón, el proteccionismo es ejercido de tiempo atrás por la Cooperativa Agrícola Japonesa (CAJ), la coalición más poderosa del país asiático, que ejerce sus funciones como si fuera un ente sub gubernamental involucrado en la actividad bancaria, seguros de vida y accidentes, venta y comercialización de productos, insumos y materiales agrícolas.

En esa nación no existe otra persona jurídica que los iguale en poder y eficacia en materia de lobby.

Es una entidad obsesionada con la generación de utilidades derivadas de los altos precios de los alimentos que mantiene a toda costa, mediante barreras arancelarias y una montaña de complejas regulaciones técnicas y sanitarias.

En Colombia, la intranquilidad y el nerviosismo empresarial en comento se fundamenta, además, en la indebida presión ejercida a nivel diplomático por nuestro embajador en Tokio, quien busca ponerle punto final a las negociaciones en el estado en que se encuentran, es decir, sin concesiones agropecuarias que beneficien de manera tangible a nuestro país.

Esta errada visión mercantil, de concretarse, ampliaría considerablemente el abultado déficit comercial actual de 612 millones de dólares, en contravía de nuestros sagrados intereses nacionales del orden constitucional.

En suma, cerrar las negociaciones con Japón sin agricultura sería el peor negocio de la historia comercial de Colombia.

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