Andrés Espinosa Fenwarth
columnista

Maremágnum de coca colombiana

La renta de la droga prospera al amparo del acuerdo con las Farc.

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
septiembre 25 de 2018
2018-09-25 08:10 p.m.
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El Informe de Monitoreo de los Cultivos Ilícitos 2017, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, contiene la evidencia más reciente del crecimiento exponencial de la economía ilícita de los cultivos de coca en Colombia. Al comparar los datos de los últimos cinco años, se observa cómo el área sembrada de esta droga maldita se multiplicó por cuatro, al pasar de 48.000 hectáreas en el 2013 a 171.000 hectáreas en el 2017. La productividad también se acrecentó de 4,1 a 5,6 toneladas por hectárea al año, gracias a la asistencia agronómica provista por los carteles mexicanos.

Por regiones, los cultivos de coca se incrementaron sin control en la mayoría de los territorios nacionales desde el 2013. En la región Pacífico aumentaron de 18.562 a 65.567 hectáreas; en la región central ascendieron de 8.815 a 52.960 hectáreas; en el Putumayo y Caquetá avanzaron de 11.989 a 41.382 hectáreas. El censo de cultivos de coca de Naciones Unidas confirma que el 5 por ciento de estos sembradíos ilícitos se encuentra en los Parques Nacionales y el 27 por ciento en sus cercanías, a 20 kilómetros de distancia. El 10 por ciento se ubica en los resguardos indígenas y el 15 por ciento en los territorios de las comunidades negras.

La perversa combinación de la crecida en área y productividad cocaleras se tradujo en los mayores niveles de producción de hoja de coca de la historia colombiana, los cuales se multiplicaron por cinco, de 208.200 toneladas en el 2013 a 930.900 toneladas el año pasado. El perfeccionamiento de la red de laboratorios y cristalizadores permitió cuadruplicar la fabricación de cocaína de 290 toneladas a 1.379 toneladas en este periodo, cuyos niveles posicionaron nuevamente a Colombia como el primer productor y exportador mundial de coca.

La renta de la droga prospera al amparo del acuerdo con las Farc. El valor del cultivo de hoja de coca se dobló de 331 millones de dólares en el 2013 a 661 millones de dólares en el 2017. En igual periodo, la valoración de la cocaína manufacturada en Colombia se disparó de 731 millones de dólares (equivalente al 3 por ciento del PIB agropecuario) a 2.079 millones de dólares (correspondiente al 11 por ciento del PIB rural), cuyo valor se multiplica por quince en Estados Unidos.

En respuesta a este funesto legado, el presidente Iván Duque anunció la presentación de una “política integral contra el narcotráfico”, que reduzca los cultivos ilícitos en 70 por ciento en su cuatrienio. La estrategia debe abarcar, al menos, siete elementos: I. Aspersión aérea con glifosato. II. Fortalecimiento de los programas de sustitución. III. Erradicación forzosa. IV. Destrucción de laboratorios, redes de comercialización, precursores químicos y lavado. V. Incautación de la dosis mínima VI. Eliminación de la conexidad entre sedición y cultivos ilícitos. VII. Extradición de narcotraficantes, incluidos los integrantes de la antigua guerrilla de las Farc que sigan traficando.

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