Andrés Espinosa Fenwarth

La peste holandesa

Andrés Espinosa Fenwarth
POR:
Andrés Espinosa Fenwarth
agosto 31 de 2011
2011-08-31 02:34 a.m.
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La enfermedad holandesa es el único fenómeno económico que se identifica con la terminología médica. De acuerdo con Luiz Carlos Bresser-Pereira, profesor de economía de la Fundación Getulio Vargas de la ciudad de São Paulo, la enfermedad holandesa es una falla de mercado que puede obstruir permanentemente la industrialización y afectar el crecimiento económico, originada en la existencia de recursos naturales abundantes y baratos que mantienen sobrevalorada la tasa de cambio por un largo periodo de tiempo, lo cual se traduce en una pérdida de competitividad y rentabilidad de los sectores transables.

Sus principales síntomas son, además de una fuerte apreciación de la tasa de cambio, bajas tasas de crecimiento de la industria, persistente desempleo, elevados flujos de capital y de inversión en sectores primarios que no generan encadenamientos productivos y altos salarios reales ligados a la sobrevaloración de la moneda.

Este concepto, acuñado en Holanda en 1959 con motivo de la explotación de gas natural en el Mar del Norte, perjudica notablemente a los países en desarrollo, y de manera particular en América Latina a Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Hace pocas semanas, el presidente Juan Manuel Santos señaló desde la Cepal, en Santiago de Chile, que “estamos en el preámbulo de la enfermedad holandesa”, cuyos “horribles efectos”, según Bresser-Pereira, no podemos ignorar.

Carlos Gustavo Cano, codirector del Banco de la República, afirmó recientemente en una entrevista al diario El Mercurio de Chile, que estamos ante un “genuino síntoma de la enfermedad holandesa”.

Cano sustenta su tesis recalcando cómo el valor de las exportaciones de origen minero-energético aporta más de las cuatro quintas partes de la dinámica del crecimiento de la totalidad de las exportaciones del país, actividad que sólo genera 200.000 empleos.

Los flujos de Inversión Extranjera Directa convalidan lo anterior, pues de los 10.300 millones de dólares proyectados en Colombia para este año, el 71 por ciento se dirige hacia el sector minero-energético.

Así, la prevalencia del auge exportador de la economía minero-energética sobre otros sectores productivos y la excesiva concentración de las entradas de capital destinadas a su financiación se traducen en violentas presiones sobre la tasa de cambio –cuya apreciación del 20,2 por ciento observada desde diciembre del 2008 respecto del dólar– debilita la industria y la agricultura.

Para contener la peste holandesa, además de implementar la regla fiscal que desacople los gastos del Gobierno de los ingresos públicos generados por la actividad minero-energética y aplicar la reforma al régimen de regalías y la ley de sostenibilidad fiscal, se requiere, en opinión de Cano, “vigorosas políticas públicas que fortalezcan los sectores transables de la economía”, especialmente la agricultura y la industria.

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