Andrés Oppenheimer
análisis

La cumbre del G-20 y el futuro del trabajo

La cumbre del G-20 dedicará una de sus cuatro sesiones para hablar sobre la disrupción que se viene en el mercado laboral mundial.

Andrés Oppenheimer
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Andrés Oppenheimer
noviembre 26 de 2018
2018-11-26 09:19 p.m.
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Cuando el presidente Trump y los líderes de China, Rusia, Alemania y otras de las principales economías del mundo se reúnan en Argentina para la cumbre del G-20, el 30 de noviembre, pasarán parte de su tiempo hablando sobre un tema que será crucial en los próximos años: el futuro del trabajo.

Está claro que, a pesar de que este será el tema oficial de la cumbre del G-20, probablemente no será el que genere más titulares. La atención mundial se va a concentrar en la reunión entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, y si logran evitar una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Pero la cumbre del G-20 dedicará una de sus cuatro sesiones para hablar sobre la disrupción que se viene en el mercado laboral mundial. Es probable que se pierdan decenas de millones de empleos, y que los salarios en todo el mundo sigan deprimidos, por el creciente uso de robots, algoritmos y otras máquinas inteligentes.

Un estudio de la Universidad de Oxford del 2013 predijo que el 47 por ciento de los empleos en Estados Unidos corren el riesgo de desaparecer en los próximos 10 años, debido a la automatización. Otros estudios del Banco Mundial estimaron que la pérdida de empleos en países emergentes como China y México será aún mayor, por su dependencia de fábricas manufactureras cuyos trabajadores pueden ser fácilmente reemplazados por robots.

No solo los trabajadores de las fábricas, sino también los camareros de restaurantes, conserjes de hoteles, banqueros, contadores, médicos, abogados, periodistas y casi todos los demás profesionales corren el riesgo de perder sus empleos, o ver caer sus salarios.

La semana pasada, la agencia de noticias oficial china Xinhua anunció el debut del primer presentador de noticias de televisión robótico. A diferencia de un presentador humano, el robot tiene la ventaja de trabajar tres turnos seguidos, y no se toma vacaciones.

A principios de este año, los trabajadores de los hoteles en Las Vegas amenazaron con ir a huelga, entre otras cosas, por el creciente uso de camareros y barman robóticos. Los robots ya están llevando desayunos a las habitaciones de los huéspedes, y los barman robóticos preparan bebidas para los clientes de los casinos.

Los robots ahora son cada vez más baratos y más inteligentes. Mientras que en el pasado eran máquinas individuales, ahora están conectadas entre sí a través de la computación en la nube, y pueden aprender de sus respectivos aciertos y errores.

El presidente argentino Mauricio Macri, quien presidirá la cumbre del G-20 en su calidad de líder del país anfitrión, me dijo en una reciente entrevista que colocó el futuro de los trabajos como tema central del G-20 porque es un asunto que afectará a todos los países, independientemente de sus niveles de desarrollo.

Según documentos preparatorios de la cumbre del G-20, aunque la tecnología creará nuevos empleos, habrá un “impacto en la desigualdad dentro y entre los países”. Los trabajadores poco calificados tendrán más dificultades para reinventarse como analistas de datos que los ingenieros u otros trabajadores altamente calificados.

Los documentos preliminares de la cumbre proponen, entre otras cosas, que los países faciliten a los trabajadores independientes llevar sus beneficios sociales de un trabajo a otro, e incluso de un país a otro. A medida que, cada vez, más personas trabajan en empleos independientes, la prioridad debería ser proteger a los individuos, más que a los empleos, dicen los redactores del documento.

Además, los documentos preliminares de la cumbre dicen que “los países también deben asegurarse de que existan impuestos adecuados a la economía digital”. Varias naciones europeos dicen que, a medida que el comercio electrónico y la economía digital son cada vez más dominantes, debería haber un impuesto sobre las ventas de bienes y servicios digitales. Estados Unidos, la sede de las principales empresas tecnológicas, se ha opuesto tradicionalmente a esta idea.

No importa qué decisiones se tomen sobre estas cuestiones, es hora de que los líderes mundiales comiencen a abordarlas. La aceleración tecnológica ya está eliminando muchos empleos y deprimiendo los salarios de otros. Incluso si la reunión del G-20 no hace más que poner este tema en el centro de la agenda política mundial, será un buen comienzo.

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