Augusto Galán Sarmiento
análisis

Villa de Leyva: ¿patrimonio mundial en peligro?

Las autoridades municipales no tienen claro aún cuál es el tipo de turismo que debe prevalecer en esa población.

Augusto Galán Sarmiento
POR:
Augusto Galán Sarmiento
enero 23 de 2019
2019-01-23 08:22 p.m.
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Villa de Leyva es un tesoro nacional y junto con los municipios del Alto Ricaurte puede ser patrimonio mixto de la humanidad si la propuesta ante la Unesco avanza por iniciativa del Ministerio de Cultura, con el compromiso de las autoridades y las poblaciones de esa provincia para proteger la heredad ambiental, científica, cultural y arquitectónica contenida en ella.

Al menos cuatro aspectos convergen para aspirar a esa exclusiva lista mundial. El Santuario de Flora y Fauna de Iguaque; los restos paleontológicos del mar interior que existió en la región durante el período prehistórico cuaternario; la bóveda celeste que contiene una de las mayores luminosidades de América Latina y algunos antecedentes importantes de nuestra historia junto a su arquitectura colonial.

Villa de Leyva nos enamoró a cientos de miles por su entorno, en el que se mezclan sus paisajes bucólicos semidesérticos, sus calles empedradas, su clima y esa energía especial que desprende y que invita al estudio científico, a la introspección reflexiva, a la expansión cultural. Hay consenso entre sus habitantes para que, a partir de ese ambiente, el destino de desarrollo sostenible del Alto Ricaurte sea la “industria sin chimeneas”.

No está claro aún el tipo de turismo que debe prevalecer. No puede ser la rumba y el comercio desordenados que algunos han querido establecer.

¿Será la aventura de los deportes extremos o las industrias culturales derivadas de la ecología, las artesanías, la gastronomía, la historia, la astronomía y la paleontología? Décadas de discusión y el norte trazador de la Villa no se ha consolidado.

Se les escucha a los dirigentes locales la aspiración de convertirlo en la “Cartagena del interior”. Es necesario evitar que, en su búsqueda, se desarrolle un turismo anárquico y depredador, carente de autoridad, en el cual impere la explotación comercial sin consolidar el desarrollo armónico del patrimonio paisajístico descrito. Por ingresos y capacidad institucional no se ve claro el horizonte para cumplir con ese propósito. Tampoco se trata de fosilizar ese valor único, como algunos pretenden.

Este municipio es de sexta categoría, la última en la clasificación de Planeación Nacional definida por tamaño de población y volumen de ingresos propios.

En otra codificación, figura en el primero de cinco grupos en que están distribuidas las entidades territoriales para medir su desempeño a partir de unas condiciones iniciales de gestión y desarrollo. Allí ocupa el puesto 52 entre 217.

El recaudo tributario de Villa de Leyva es apenas el tres por ciento del valor agregado que produce. Solo el veinte por ciento de la inversión que ejecuta proviene de recursos propios. Asienta más de ciento cincuenta hoteles y hostales registrados y se estima que operan sin registro y control otro tanto de esos establecimientos. En los últimos doce años se han construido alrededor de tres mil casas, que le suman los fines de semana y las temporadas vacacionales una población que representa el sesenta por ciento de sus residentes cotidianos, sin contar los turistas nacionales y extranjeros que la frecuentan.

En medio de esta presión desordenada, que nadie atiende, el debate actual se limita a la autorización o negación de un proyecto hotelero de Cafam. Con los opositores al proyecto que he conversado, que incluyen concejales y dirigentes locales, no he encontrado alguno que lo haya estudiado. ¿De qué intereses nace esa oposición?
Las autoridades locales deben aprovechar y definir una normatividad firme sobre la hotelería y el turismo en la región, avanzar con el ajuste del Plan de Ordenamiento Territorial, aprobar el régimen de manejo del Centro Histórico, establecer una estrategia de incremento progresivo de ingresos propios del municipio que permita desarrollar mejores bienes públicos (seguridad, saneamiento, educación, vías) y asumir el compromiso de alcanzar la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad, lo cual fundaría una hoja de ruta precisa y vigilada para el adecuado progreso turístico de ese bien único que posee Colombia.

Así mismo, a los ministerios de Cultura y de Comercio, Industria y Turismo les corresponde asumir una responsabilidad con la región para acompañar esos empeños y cumplir esas tareas; mucho más ahora cuando se menciona tanto la denominada “economía naranja” y Villa de Leyva tiene todos los atributos para convertirse en un polo de su ejecución.

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