Beethoven Herrera Valencia
columnista

Alan García, luces y sombras

García llegó al gobierno con 32 años, había sido pupilo de Haya de la Torre, líder fundador del Apra.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
abril 28 de 2019
2019-04-28 05:30 p.m.
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Al llegar a la presidencia de Perú, en julio de 1985, Alan García decidió unilateralmente limitar el servicio de la deuda externa al 10 por ciento de los ingresos por exportaciones y destinar los recursos restantes a la inversión. En el siguiente año la economía peruana creció 8 por ciento.

El anterior presidente, Belaúnde Terry, había cesado silenciosamente el servicio de la deuda, mientras Alan García convocaba ‘balconazos’ desde el Palacio de Pizarro, lanzaba duras críticas al FMI y rechazaba sus visitas diciendo: “yo no quiero hablar con los payasos, que venga a verme el dueño del circo”, aludiendo a Estados Unidos.

García llegó al gobierno con 32 años, había sido pupilo de Haya de la Torre, líder fundador del Apra, quien presidió la Asamblea Constituyente y firmó la Constitución en su lecho de muerte, pero nunca pudo ejercer la presidencia de su país, pues los militares maniobraron siempre para escamotearle sus victorias, y Alan heredó esa actitud negativa del establecimiento tradicional contra su partido, pero las actitudes que adoptó lo aislaron más.

El hecho de haber tomado unilateralmente la decisión de limitar el servicio de la deuda molestó al FMI y motivó a dicha entidad a declarar a Perú “no elegible” para nuevos créditos y calificó con “valor deteriorado” los contratos de deuda peruana. Ello produjo la estampida de capitales, se marchitó la inversión extranjera y a esto se unió la controversial decisión de García de nacionalizar la banca.

Esos factores condujeron a una severa crisis, que el gobierno trató de enfrentar con emisión monetaria que, obviamente, trajo hiperinflación y maxidevaluación.

Todo ello derivó en la muerte de la moneda sol y la creación del inti, el cual también debió eliminarse después. Al llegar Fujimori al gobierno, desencadenó la persecución contra García, quien se asiló en Colombia, igual que Haya de la Torre había estado cinco años asilado en la embajada de Colombia, en Lima.

Alan García denunciaba el carácter usurario de la deuda externa por la elevación de las tasas de interés mundiales en los años 80, justamente cuando el reciclaje de los petrodólares inyectaba abundante liquidez al mercado mundial, pero los bancos centrales aumentaron las tasas para contener la inflación generada por el alza del combustible.

También criticaba el sistema multilateral por antidemocrático, pues, mientras impone ajustes a los países en desarrollo, tolera pasivamente que la potencia dominante mantenga déficits gemelos externo e interno, y supla sus necesidades capturando el ahorro mundial con e emisión de bonos.

Alan no alcanzó a denunciar el carácter ilegítimo de las deudas contratadas por dictaduras militares, y que, con toda seguridad, se fugaron (según se ha mostrado en los Papeles de Panamá), pues fue esa década justamente ‘perdida para el desarrollo’.

Es notable que en las notas sobre el suicidio del expresidente peruano, nadie se haya referido a estas acciones que le granjearon la malquerencia del establecimiento peruano e internacional.

Los funcionarios de Odebrecht han declarado que entregaron dinero a los delegados del partido de Alan García en su última campaña, pero él prefirió quitarse la vida antes que ir preso.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de U. Nacional y Externado
beethovenhv@gmail.com

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