Beethoven Herrera Valencia
análisis

Álvaro Gómez por Constaín, expiación póstuma

El papel de Gómez Hurtado fue fundamental en la Constituyente, varias de sus propuestas fueron más progresivas que las de los liberales.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
marzo 08 de 2020
2020-03-08 07:13 p.m.
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Juan Esteban Costaín escribió el libro Álvaro Gómez su siglo y su obra, para reivindicar la figura de un hombre tan importante como polémico, el hijo de Laureano. El texto destaca momentos de su vida menos conocidos, como su encuentro con Miguel de Unamuno en el país vasco francés, la velada con el pintor ecuatoriano de izquierda Oswaldo Guayasamín quien dibujó a Álvaro dos veces pues la primera pintura se perdió en una noche de copas; y la asistencia en compañía de Carlos Lleras Restrepo a la Conferencia Internacional de Comercio realizada en La Habana en 1947.

El autor comienza por tratar de reivindicar a Laureano, exaltando su labor como ministro de obras públicas y le reconoce haberse opuesto al gobierno conservador de Marco Fidel Suárez, por retardatario y anacrónico, lo que deriva en una genuina simpatía con quien luego sería su eterno rival, el liberal López Pumarejo.

Afirma que al caudillo conservador, a pesar de su feroz anticomunismo y de haber estado en Europa durante la incubación del fascismo, le causaban igual repulsión Hitler, Mussolini y Stalin. Pero Laureano llegó a decir: “vamos a tener que buscar las armas donde Franco las encontró”.

El autor sostiene la polémica tesis de que los causantes principales de la violencia fueron los liberales e insiste en una responsabilidad compartida.

Los Gómez compartían la desconfianza en la democracia, porque podría desequilibrar los valores morales de una sociedad y propusieron un modelo corporativo, inspirado en el dictador Salazar de Portugal que mezclaba a los representantes electos con los voceros de iglesia, familias y gremios.

Tras su derrocamiento por Rojas Pinilla Laureano se radicó en España y empezó a negociar el Frente Nacional con Lleras Camargo y López Pumarejo, como una aceptación de que ambos habían perdido la guerra. Álvaro Gómez volvió a Colombia para apoyar a Lleras en le derrocamiento de la dictadura y a impulsar el Frente Nacional. Y al término del sistema de alternación política y gobiernos compartidos fue el candidato oficial del Partido Conservador. Constaín destaca que Álvaro Gómez fue uno de los primeros en cuestionar la lucha contra las drogas y en apoyar el proceso de Paz de Belisario Betancur. Luego volvió a ser candidato a la presidencia y tras su derrota frente a Barco fue secuestrado por el M19, acontecimiento que marcaría la etapa final de su vida, pues le permitió interactuar con sus captores y tener una nueva perspectiva de la insurgencia en Colombia.

Tras su liberación luego del secuestro, Gómez apoyó el diálogo nacional, el cual culminó con la dejación de armas del M-19 y de otros grupos subversivos, todo lo cual condujo a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. Gómez Hurtado fue cabeza de lista del Movimiento de Salvación Nacional, en disidencia del Partido Conservador que estaba cooptado por el pastranismo, obtuvo once escaños, dos más que el Partido Conservador y fue la tercera fuerza política de la Asamblea.

Para evitar el poder monopólico del Partido Liberal, Álvaro Gómez, llegó a un acuerdo con sus antiguos secuestradores para una presidencia compartida de la Asamblea con Horacio Serpa y Antonio Navarro.

El papel de Gómez Hurtado fue fundamental y decisivo en la Constituyente, afirma el autor, varias de sus propuestas fueron más progresivas que las de los liberales e incluso que las del M19. Con esa posición, muy lejana a la de su padre, Álvaro Gómez fue capaz de ponerse a la altura de lo que el país necesitaba y se la jugó de decididamente lleno por la paz o, en sus palabras, por un acuerdo sobre lo fundamental.

Costaín cuenta con asombro que Álvaro terminó dictándoles cátedra de Marxismo a los guerrilleros que lo tenían secuestrado, pues conocía a fondo la obra de Marx. No cabe duda que debió tratarse de un conocimiento enciclopédico y que no captó, o si lo captó no valoró, el principal aporte de Marx. Alguien como Gómez que se proclamaba defensor del orden en un país donde la tierra se ha concentrado violentamente, debía recordar la explicación de la acumulación originaria violenta de la tierra, pues no de otra forma se entiende que tierras que fueron de propiedad comunal de las tribus indígenas, terminaran concentradas después de la conquista, colonización, guerras civiles, por deudas o por simple expulsión violenta para apropiarse de los resguardos y ejidos, como lo mostraron Fals Borda, Umaña Luna, Guzmán Campos y el mismo Gabo.

Por eso es menos entendible que Gómez se opusiera ferozmente a las leyes de reforma agraria impulsadas por Lleras Restrepo como si no entendiera que repartir tierras a campesinos y volverlos propietarios es semilla de capitalismo y no de socialismo.

En los debates parlamentarios Gómez increpó vehementemente a Lleras diciéndole “¿por qué de la misma manera que propone repartir las tierras no propone repartir las industrias?”.

¡Alguien que no solo hubiera leído sino comprendido a Marx, no habría defendido tales ideas anacrónicas!. Toda la vida Álvaro defendió el desarrollismo sosteniendo que al final los beneficios del desarrollo “gotearían” hacia abajo a toda la saciedad. Ninguna evidencia histórica respalda esa creencia y en cambio Piketty ha demostrado que el ingreso se sigue concentrando agresivamente.

Costaín destaca la amplia cultura de Álvaro Gomez, su pasión por la pintura y por la difusión de sus ideas a través del periodismo y de la enseñanza, pero sobre todo a su capacidad de evolucionar al ritmo que los problemas del país requerían nuevas propuestas.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor, U. Nacional y Externado.
Colaboración Felipe Arrieta


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