Beethoven Herrera Valencia
análisis

La mirada china sobre la moneda de reserva del futuro

El ingreso del yuan chino a la cesta de monedas con las que se calcula el derechos especiales de giro (DEG) muestran un ascenso del signo monetario.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
mayo 30 de 2019
2019-05-30 09:24 p.m.
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Los aspectos más publicitados de la guerra que Estados Unidos y China están librando se refieren a los aranceles y a la propiedad intelectual, pero la confrontación tiene otros aspectos económicos, como la definición de las monedas que cumplirán el papel de divisa mundial.

El ingreso del yuan chino a la cesta de monedas con las que se calcula el derechos especiales de giro (DEG) en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el otorgamiento de créditos de China en su propia moneda, muestran un ascenso de ese signo monetario; por ello interesa altamente conocer la valoración que China hace de la situación monetaria mundial.

Zhou Xiaochuan, presidente del Banco Central de China ha manifestado que la crisis financiera del 2008 debilitó el sistema monetario creado en Bretton Woods en 1944 y sostiene que una divisa de reserva internacional debe ser estable y ser emitida con base en reglas claras, además de ser flexible para facilitar los ajustes en casos de crisis, los cuales no deben afectar la soberanía de los países.

La aceptación de monedas nacionales (el dólar) como divisa de reserva es inconveniente y por eso se propone una reforma que garantice la emisión con reglas claras, que aseguren la estabilidad mundial. Cuando se acepta que una moneda nacional cumpla la función mundial de reserva, el Estado titular de la misma se verá confrontado a la disyuntiva de alcanzar las metas domésticas de política económica (emitir aún sin respaldo para reactivar la economía en coyunturas recesivas), transmitiendo un costo a los demás países (depreciar sus reservas).

Así mismo pueden transmitir un efecto recesivo si contraen su base monetaria, lo cual lleva al dirigente chino a concluir que la solución al dilema de Triffin, que se refiere a esa contradicción, no esta garantizada; y las crisis económicas ocurridas después del colapso de la paridad del dólar con el oro ha mostrado que los costos son mayores que los beneficios de otorgar a un país la emisión de la divisa, en lo que De Gaulle llamo “privilegio exorbitante”.

El objetivo deseable, desde la perspectiva china, es reformar el sistema monetario internacional, para crear una moneda de reserva desligada de cualquier nación y que sea capaz de permanecer estable en el largo plazo.

Xiaochuan recuerda la propuesta de Keynes acerca de una unidad monetaria internacional basada en 30 commodities internacionales y concluye que aunque los DEG no han tenido uso extendido, pueden ser la semilla del futuro. Dicha reforma otorgaría mayor papel a los DEG para resolver los problemas de escasez de recursos, y por ello recomienda aprobar la Cuarta Enmienda a los Acuerdos y resoluciones relevantes a la distribución de DEG propuesta en 1997.

El uso de los DEG debería ser amplio para satisfacer las demandas por liquidez, además debería haber acuerdos entre los DEG y otras monedas para que pueda ser utilizado no solo entre gobiernos, sino también en el comercio mundial y en las transacciones financieras. Para asegurar la aceptación mundial del DEG, debe ampliarse la canasta de monedas usadas para su cálculo y el Producto Interno Bruto debería incluirse como variable a efecto de basarlo en activos reales, lo cual mejoraría su confianza en el mercado de valores.

La centralización de las reservas globales en una institución internacional confiable, con más participación, podría frenar la especulación y estabilizar los mercados financieros. Y el FMI, dada su membresía universal, se convertiría en supervisor internacional de la política macroeconómica de los países miembros, como director de las reservas de los países miembros.

El sistema monetario de las posguerra fue diseñado sin la presencia de Japón, Alemania y China, y ello generó una asimetría respecto de las realidades de la economía actual, lo cual se expresa en que China, la segunda economía del mundo actual solo tiene el 4,5 por ciento de votos en las decisiones del FMI, lo cual es poco representativo del mundo real; y ello se agrava por el hecho de que Estados Unidos con solo el 16,5 por ciento de los votos tiene poder de veto en el Fondo, pues ninguna decisión puede tomarse sin su aprobación pues las decisiones suponen el 85 por ciento de los votos.

No parece posible en el corto plazo que el FMI acoja las propuestas del Presidente del Banco Central de China, pues la hegemonía económica y militar de Estados Unidos se expresa en las decisiones del Fondo Monetario, y, entre tanto, China se orienta a crear un sistema paralelo con el Banco de los Brics, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el Grupo de Cooperación de Shanghái y promover la utilización de su moneda en el comercio y financiamiento con sus socios.

Pero, no cabe duda deque sin importar el resultado del actual conflicto comercial entre las dos mayores potencias, la hegemonía del sistema occidental enfrenta el reto de que las propuestas mencionadas no son solo las ideas sugestivas de un teórico, sino la expresión de los intereses de la nueva potencia emergente.

Si en el campo tecnológico muchos reconocen el mayor avance de China en las tecnologías 5G (el internet de las cosas, por ejemplo); ello habrá de expresarse en las tendencias de utilización de las divisas de reserva que el mundo acepte.

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