Beethoven Herrera Valencia

Reaprendiendo en virtualidad-I

La aparición súbita de la pandemia obligó a las entidades educativas a pasar abruptamente a la educación virtual.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
abril 26 de 2020
2020-04-26 06:09 p. m.
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La aparición súbita de la pandemia obligó a las entidades educativas a pasar abruptamente a la educación virtual, de modo que en este momento desde los jardines infantiles hasta los postgrados, pasando por la educación media y de pregrado, y prácticamente todas las actividades académicas- incluidas 160 universidades- se están desarrollando virtualmente. Ello fue posible porque existía el equipamiento de computadores y acceso a internet; y aunque hay sectores y regiones con dificultades, los establecimientos educativos, muchas oficinas, bancos, e instituciones públicas, lo mismo que la producción y entrega de alimentos, han seguido prestando los servicios esenciales.

Las posibilidades de la virtualidad existían pero estaban subutilizadas, y en el futuro, aunque la vida retome su curso casi normal, la educación seguirá aprovechando las posibilidades de la virtualidad. Como ha expresado el rector del Externado Juan Carlos Henao, “Los jóvenes son ‘nativos digitales’ y somos los profesores quienes debemos esforzarnos mas para avanzar en el uso de esos nuevos espacios”.

En las clases virtuales han aparecido las mascotas, se pueden escuchar las discusiones familiares, y con el argumento de que la cámara falla o que activarla hace inestable la conexión, muchos alumnos deciden bloquear su imagen: el profesor termina hablando ante un mosaico de cuadros negros con nombre y sin rostro, perdiendo la posibilidad de interacción visual.

Cuando las clases son al comienzo de la mañana, es frecuente ver alumnos a quienes se les nota que no han desayunado o que recién se han levantado; y a ello se unen los casos de saboteo de hackers con insultos y pornografía. Los estudiantes se quejan de sobrecarga académica, tiempos de entrega de trabajos muy cortos y profesores que extienden su sesión invadiendo el tiempo de otras. Hay propuestas que piden respetar el derecho del estudiante a no activar la cámara, a asistir a la sesión en pijama, a beber o comer en la clase si así lo quiere, a no ser evaluado o a eliminar los plazos de entrega de los trabajos, tratando de impedir lo que denominan “intentos del docente por controlar el cuerpo del alumno”.

Algunas universidades están permitiendo cancelar el semestre sin fechas límites, repetir materias perdidas sin perder esos créditos, y han ofrecido equipos y apoyo en conectividad a los alumnos que lo han requerido. Pero ante la propuesta de algunos líderes estudiantiles y profesorales de cancelar el semestre, ninguna universidad la ha aceptado, no solo porque el retorno a la antigua presencialidad es incierto, sino que seria antidemocrático que si la mayoría puede seguir avanzando se les afectara en sus proyectos de formación personal.

Según la rectora de la U. Nacional Dolly Montoya, “Los estudiantes quieren continuar el período con la mayor normalidad posible. Tomar una decisión contraria puede generar muchos cambios en sus proyectos de vida así como también problemas económicos para los padres”.

Edgardo Morin, el centenario filósofo francés ha expresado su esperanza de que “surja un espíritu comunitario capaz de superar los errores del pasado: desde la gestión de la emergencia de los migrantes hasta el predominio de las razones financieras sobre las humanas”.

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