Beethoven Herrera Valencia
análisis

Brexit, encrucijada en el límite

Muchos piden que May reconsidere su posición, urgiendo a que tenga en cuenta la posibilidad de implementar algo similar al modelo noruego.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
enero 28 de 2019
2019-01-28 09:15 p.m.
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La fecha de salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) se acerca dramáticamente sin que la propuesta negociada por la primera ministra Theresa May logre su aprobación en el legislativo británico, con mermada gobernabilidad y una dura posición de Europa, decidida a no permitir una salida fácil, pues podría motivar futuros retiros. El tema más sensible es el futuro de Irlanda del Norte, que tiene la única frontera terrestre del Reino Unido con Europa, pues en caso de confirmarse el retiro, deberá definirse la frontera de esa provincia con la República de Irlanda, que es miembro pleno de la Unión Europea.

El acuerdo firmado en diciembre de 2017 creó una red de seguridad que mantiene abierta la frontera, permitiendo a Irlanda del Norte permanecer en la unión aduanera, lo cual ha recibido fuertes críticas por los líderes de Irlanda del Norte, pues implicaría que los controles regulatorios y aduaneros se trasladarían al Mar de Irlanda, aislándola de Gran Bretaña.

Tras la victoria del Brexit en junio de 2016, muchas empresas empezaron a abandonar el Reino Unido ante el ambiente de incertidumbre que generará este divorcio, y especialmente grandes bancos internacionales, han empezado a trasladar sus operaciones desde Londres a otros centros financieros de Europa. Según la legislación europea los bancos pueden operar sin obtener una licencia individual para cada país y por esta razón muchos bancos trasladan sus sedes a la zona económica europea sujeta a esta regulación. A mediados de 2018 había 18 bancos importantes trasladando actividades a Frankfurt y ello aumentará, pues alrededor de 60 firmas están buscando una ciudad europea donde abrir operaciones.

La firma de investigación Bernstein publicó un reporte advirtiendo que el Brexit golpeará al sector financiero, incidirá en la devaluación de la libra, aumentará el desempleo y caerán los precios de las propiedades, además de encarecer las deudas.

Ante la falta de un plan claro para la implementación del Brexit, a mediados del 2018 importantes firmas financieras como Goldman Sachs y Moody’s, comenzaron a relocalizar su personal y las principales ciudades receptoras han sido Frankfurt, Dublín y Luxemburgo, explicable por su importancia financiera, su marco regulatorio y la calificación de su personal.

En octubre de 2018, el Banco de Inglaterra lanzó un preocupante reporte sobre el creciente riesgo por la inadecuada preparación para el Brexit, sobre contratos con derivados. El Reino Unido se encarga del proceso de compensación de estos contratos, pues en este país se encuentran las principales casas de compensación, fundamentales para asegurar este tipo de contratos.

También está en juego la legalidad de los contratos transfronterizos entre la UE y el RU, por un valor de 41 billones de libras; pues si no se toma ninguna acción serían ilegales a partir de marzo de 2019. Las casas de compensación pueden relocalizar los negocios en otra institución con un aviso de tres meses de antelación, por lo que se espera que si la UE no anuncia un plan de contingencia, se inicien las relocalizaciones y el temor principal es que la UE no esté suficientemente preparada para manejar un gran volumen de negocios sobre derivados.

También se cuestiona el nuevo acuerdo pesquero entre la UE y el RU, que de acuerdo con declaraciones del gobierno de May se negociaría independientemente del acuerdo comercial y en el que se reconocería al RU como un estado costero independiente. Sin embargo, varios parlamentarios escoceses han protestado ante la posible pérdida de soberanía sobre las aguas británicas para lograr un acuerdo comercial con la UE, lo que impactaría principalmente a los pescadores escoceses, debido a las cuotas compartidas. Esto ha generado tensiones entre Edimburgo y Londres, pese a que el gobierno de May ha negado contundentemente estas implicaciones, reafirmando que la negociación de un acuerdo comercial es un asunto completamente independiente.

Por parte de la UE, Francia, España, Bélgica, Dinamarca y Portugal han mostrado su inconformidad ante la falta de garantías de los derechos pesqueros, pues actualmente dos tercios de la cuota pesquera del RU bajo la regulación de la UE es controlada por multinacionales.

Ante este panorama de incertidumbre y riesgo, el gobierno de May no puede hacer cambios significativos en su propuesta, pues Europa no lo aceptaría; y esto hace que el Brexit duro sea una posibilidad muy cercana. Ello implicaría tarifas promedio de 3,5% para el comercio desde el Reino Unido y un incremento en los controles que ralentizarían el movimiento de mercancías, afectando principalmente a los alimentos y farmacéuticos. Este resultado fue caracterizado por el Ministro Principal de Gales como una catástrofe.

Muchas voces piden que May reconsidere su posición, urgiendo a que tenga en cuenta la posibilidad de implementar algo similar al modelo noruego, con el cual perderían representación en el Parlamento y la Comisión Europea, pero podrían acceder al mercado único y entrar en la unión aduanera.

Al inicio de su mandato en 2017 Theresa May dijo: “Que no haya trato para Gran Bretaña es mejor que un mal trato”, y al parecer se acrecienta la posibilidad de un Brexit ‘duro’ sin acuerdo, como secuela de un referéndum en el cual hay evidencia de que los votantes fueron objeto de manipulación digital.

*colaboración Alejandro Dueñas.

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