Beethoven Herrera Valencia
columnista

Carbón, un pasado sin futuro

El carbón, junto con el acero, ha estado en el corazón de las grandes confrontaciones en el capitalismo moderno.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
febrero 17 de 2019
2019-02-17 06:08 p.m.
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El carbón, junto con el acero, ha estado en el corazón de las grandes confrontaciones en el capitalismo moderno, y su manejo compartido ha estado también en el germen de la integración europea. La guerra franco-prusiana de 1870 tuvo entre sus motivaciones acceder al control de las minas de carbón y acero. Igualmente, fueron motivantes de las dos guerras mundiales y por ello se creó la Comunidad Económica del Carbón y el Acero (Ceca) que dio origen a la Unión Europea.

De este lado del Atlántico, el presidente Barack Obama decidió cerrar varias minas de carbón, las mismas que el presidente Trump ha reabierto, y de similar manera ha reactivado la construcción del oleoducto que irá desde Canadá hasta el golfo de México, que Obama había suspendido por motivos ambientales.

Mientras Europa avanza en la sustitución de fuentes energéticas y ha decidido que en el 2030 no habrá ni un vehículo movido por gasolina, Alemania decide cerrar su más emblemática mina de carbón, debido a la imposibilidad de competir con los precios del carbón importado, aun con el rescate de 1.000 millones de euros concedido en el 2017. Mientras la tonelada de carbón alemán cuesta 250 euros, el precio en el mercado mundial es de 80 euros, lo que hizo la situación insostenible.

Para avanzar en la recomposición de sus fuentes energéticas, Alemania acaba de cerrar, con la presencia del Presidente del país, el yacimiento Prosper-Haniel, situado en la cuenca del Ruhr, donde laboraban 1.500 trabajadores, y se reconoció que las minas y altos hornos de las colinas renanas fueron, desde el siglo XIX, el motor del desarrollo alemán y del milagro alemán de la posguerra.

Este hecho encierra un gran simbolismo, pues fueron los mineros quienes libraron fuertes batallas en 1919 y en 1968, que sirvieron de semilla a las políticas socialdemócratas del Estado de Bienestar. Y el Gobierno alemán ha diseñado un programa de reconversión con universidades, centros de investigación e iniciativas digitales, para evitar que se repitan los problemas que generó el brusco cierre de las minas de carbón en Inglaterra por Margaret Thatcher.

La paradoja reside en que Alemania cierra sus minas de carbón, pero como el 40 por ciento de su red eléctrica y de calefacción depende del carbón, se seguirá alimentando con hulla y lignito, más contaminante y barato. Para disminuir el uso de energía nuclear y dado el costo de almacenamiento y transporte de energías renovables, el país mantendrá el uso de hulla, lignito y carbón barato importado de China y Australia.

En América Latina, Chile acaba de decidir no construir más plantas de carbón si no incorporan sistemas de captura de carbono; también busca reducir la actividad en las existentes, para avanzar en la transición hacia energías renovables. El programa chileno considera disminuir la generación térmica al 25 por ciento y aumentar hasta 75 por ciento las energías renovables, haciéndose predominantes la fotovoltaica, con 30 por ciento de participación, eólica, 42 por ciento, y el 29 por ciento serán de fuentes hídricas, en tanto que el 4 por ciento restante incluirá la biomasa, geotermia y la energía obtenida con el sistema de concentrador solar de potencia.

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