Beethoven Herrera Valencia
columnista

Celebración mundial del trabajo, con futuro incierto

En su libro, Yuval Harari, analiza las perspectivas del trabajo humano, frente al avance de las nuevas tecnologías. 

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
mayo 05 de 2019
2019-05-05 08:28 p.m.
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En su texto 21 lecciones para el siglo XXI, Yuval Harari sostiene que es posible que “Cuando te hagas mayor, no tengas un empleo”, y analiza las perspectivas del trabajo humano, frente al avance de las nuevas tecnologías.

En la medida en que la ciencia ha descifrado la forma en que pensamos y sentimos los humanos, reduciendo todo a algoritmos bioquímicos que pueden ser imitados, ha permitido el avance de la inteligencia artificial (IA), y en un futuro cercano ella será capaz de ‘pensar’ como un ser humano e interpretar el pensamiento y las emociones humanas.

Ello implica que profesiones y labores que hasta ahora han supuesto la intuición humana, serán realizables por máquinas capaces de entender cómo funciona la mente humana: usando sensores biométricos podremos encontrar médicos, conductores, banqueros, contadores y hasta abogados, que ya no serán de carne y hueso, cuyo desempeño podrá ser superior al de un humano promedio; por ejemplo, si pueden diseñar un fallo jurídico basado en toda la jurisprudencia que tienen en archivos.

Habrá trabajadores poco calificados que no encontrarán empleo, a la vez que podrá haber escasez de trabajadores especializados con altos conocimientos técnicos; y es posible que una persona tuviera que estudiar varias profesiones.

Finalmente, Harari considera necesario pensar en nuevos modelos sociales y económicos que protejan a la inmensa mayoría de humanos que serán desplazados y empobrecidos; y estima que una renta básica universal permitiría remunerar la crianza de los hijos, el cuidado del hogar o la transmisión de conocimientos y experiencias. Ese impuesto debería imponerse a quienes concentrarán la riqueza por los avances de la inteligencia artificial.

Se está dando una progresiva reducción de costos en la robótica, y si los sentimientos humanos pueden ser entendidos como flujos de información que generan en el cerebro reacciones químicas y eléctricas, estas podrían ser replicadas: de modo que la sensibilidad y la capacidad de aprender permanentemente pueden ser hoy comportamientos accesibles a los autómatas.

Tareas como diagnóstico médico, prestación de servicios personales, aplicación e interpretación de la jurisprudencia, cuidado y enseñanza pueden ser perfectamente asumibles por robots, y las ventajas de estos procesos de reemplazo son evidentes en relación a los costos laborales.

Pero, además, las máquinas pueden ser sometidas a jornadas extensas, sin que ello signifique costos adicinales, y en China, donde el valor de un robot ha disminuido en 70 por ciento entre el 2010 y el 2016, ya se utilizan 97 robos por cada 100.000 trabajadores. En el foro de Davos se presentó un robot coreano interactuando en un panel con expositores humanos, y hay robots como Xin Xiaomeng y Qiu Hao presentando noticias en China.

Como ha dicho Andrés Oppenheimer, en América Latina puede abrirse una nueva brecha tecnológica con implicaciones sociales impredecibles, en la medida en que nuestros sistemas educativos no estén preparados para soportar la recalificación de los trabajadores desplazados por este proceso. Y sobre todo, la estrategia de basar la inserción de nuestros países en la economía global en los bajos costos de laborales, podría colapsar frente a la robótica cada vez menos costosa.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor U. Nacional y Externado
Colaboración de José Castaño.

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