Beethoven Herrera Valencia
Análisis

¡China se ha puesto en pie!

Los proyectos Made in China y la Nueva Ruta de la seda, y su aplicación del poder blando, le han permitido resistir el conflicto con Occidente.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
septiembre 29 de 2019
2019-09-29 08:00 p.m.
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Esa fue la afirmación central de Mao Zedong al proclamar la República Popular China el 1 de octubre de 1949 tras los 22 años de la Gran Marcha, la expulsión de Japón y la victoria sobre las fuerzas nacionalistas del general Chian Kai-shek.

Aunque hay críticas a Mao acerca de su estrategia económica ‘Un salto adelante’ y al desorden social que generó la ‘Revolución cultural’; pero hay consenso es en su papel histórico en la defensa integridad del territorio, en articular su proyecto socialista con las tradición confuciana de China y haber comenzado la dignificación ante el mundo.

Los chinos llaman ‘Siglo de las humillaciones’ al período que va entre 1840 y 1949 cuando se dieron la ocupación japonesa de la Manchuria; además de la ocupación inglesa de Hong Kong tras la guerra para imponerle a China el comercio de opio que China rechazaba y la ocupación portuguesa de Taiwan y Macao.

Tras la guerra las condiciones de pobreza eran generalizadas y las reformas impulsadas por Deng abrieron paso a las empresas privadas y el ingreso de multinacionales estimuló el enriquecimiento, lo cual ha generado una amplia diferencia entre las zonas de la costa donde se encuentran los clusters más desarrollados y las zonas rurales más atrasadas.

Y si en la parte final del siglo XX China no quería ser percibida como una potencia, en el actual conflicto económico con Estados Unidos, el Presidente Xi Jinping ha expresado con franqueza que el mundo debe habituarse a convivir con la presencia de China en el escenario mundial y a reconocer su poder.

Al morir Mao asumió el liderazgo Deng Xiaoping, quien consideraba que las pugnas ideológicas eran la causa del atraso, y por ello resignificó el antiguo adagio de ‘tantear las piedras para cruzar el río’ y ese pragmatismo se convirtió en la piedra angular de la política china de modo que en las ‘zonas económicas especiales’ se iba experimentando el funcionamiento de los precios para extenderlos al resto del pais si el experimento funcionaba.

Dicho pragmatismo es muy diferente a las violentas rupturas que se vivieron en las revoluciones francesa, mexicana, rusa, vietnamita o camboyana, y se aplicó con la propuesta de ‘un país con dos sistemas’ que permitió negociar con Inglaterra la reversión de Hong Kong a la soberanía China manteniendo la economía de mercado en la isla. Esa es la estrategia de ‘caminos paralelos’ que menciona Mark Leonard en su libro ‘Qué piensa China’.

China comenzó a exportar productos de baja complejidad aprovechando su abundante mano de obra de bajo costo y gran habilidad, al tiempo que incentivaba la educación, la investigación tecnológica y la propia innovación, hasta llegar a ser la segunda potencia económica en la actualidad.

La percepción de Occidente respecto de China era la de un país que basaba su competitividad en productos baratos y en el escaso lapso de 40 años China es líder en Inteligencia Artificial, Internet de las cosas y 5G.

Las empresas occidentales trasladaron sus filiales a China para beneficiarse de la abundante mano de obra, los menores salarios, la tolerancia ambiental y la disciplina laboral; y si podían beneficiarse de exenciones tributarias y estabilidad cambiaria parecían haber encontrado el paraíso. Pero se equivocaron en creer que China jugaría ese papel indefinidamente.

Jack Ma, propietario de AliBaba y hombre más rico de China ha advertido que venderá en su red las copias hechas en China, pues encuentra inaceptable que productos hechos en las mismas plantas, con los mismos materiales, iguales diseños y por los mismos trabajadores, ellos se vendan en el exterior a precios altos y se paguen bajos salarios a quienes los produjeron en China.

Por otra parte, China ha acumulado un monumental fondo de reservas en títulos del tesoro de Estados Unidos, lo cual ha permitido a los norteamericanos rebajar los impuestos a sus empresarios y embarcarse en invasiones en Afganistán e Irak.

Resulta paradójico que sea China quien está financiando la expansión del gasto de su rival, pero en la actual confrontación China usa esos bonos como un arma y de hecho ya vendió US$20.000 millones de esos bonos el pasado mes de marzo.

¡Bastaría que China vendiera esos bonos, o solo dejara de comprarlos, para que la situación fiscal de Estados Unidos enfrentara graves problemas y el dólar viera su hegemonía en riesgo!.

Por otra parte, China dispone de 200.000 toneladas de ‘tierras raras’ que son indispensables para las nuevas tecnologías. Quienes creen que la principal arma contra China es subir los aranceles al aluminio y al acero, no dimensionan los efectos que sufriría la industria occidental si China llegara a restringir la exportación de esas tierras raras.

El mismo Leonard sostiene que en lugar de la expansión militar que históricamente utilizaron todas las potencias, China utiliza el poder blando más allá de sus fronteras para promover sus intereses a nivel mundial y hacer contrapeso al poder de Occidente.

El proyecto Made in China (MIC 2025), el proyecto de la Nueva Ruta de la seda y su aplicación del poder blando, han permitido a China resistir hasta ahora el conflicto con Occidente, pero la alta dependencia de las exportaciones ha afectado su crecimiento y ha puesto como alternativa enfatizar el mercado interno brindando apoyo a los exportadores chinos e interviniendo el comportamiento de la moneda, lo cual a su vez ha sido rechazado por sus socios comerciales de occidente.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor, U. Nacional y Exterrnado.
beethovenhv@gmail.com

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