Beethoven Herrera Valencia
Análisis

Desequilibrios regionales, exclusión social y política

El país tiene un severo desbalance entre el centro y la periferia, con una reducida representación política de las regiones pobres.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
enero 07 de 2020
2020-01-07 10:00 p.m.
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En línea con sus trabajos sobre geografía económica y aglomeración del desarrollo que le merecieron el Nobel de Economía, Krugman ha publicado un artículo en el cual reconoce que las zonas metropolitanas de Estados Unidos se han hecho cada vez más ricas, mientras que las zonas rurales, por el contrario, se están quedando rezagadas.


Un ejemplo fue la propuesta de Amazon a los Estados federales y a las ciudades para que presentaran ofertas para establecer una segunda sede de gran escala adicional a la central de Seattle, en el estado de Washington.

Ese anuncio generó una ardua puja competitiva por saber quién lograría el privilegio de recibir altas subvenciones, aun cuando ello implicara un aumento considerable del tráfico vehicular e inflación en los precios de la vivienda.

Curiosamente dicha puja acotó los resultados para que ganase un distrito electoral demócrata. Aunque este componente de selectividad política no fue explícito, la competencia estaba dirigida exclusivamente a “zonas metropolitanas con más de un millón de habitantes” y a “emplazamientos urbanos o suburbanos con posibilidades de atraer o retener a un importante talento técnico”. Y estas características las cumplían en su mayoría solo regiones representadas por demócratas.

La última generación de estadounidenses ha experimentado una acentuada divergencia económica, pues las zonas metropolitanas más ricas han atraído a las corporaciones con mejores tasas de rendimiento económico generando una espiral positiva de crecimiento.

Entre tanto, las zonas rurales y urbanas pequeñas se han ido quedando rezagadas como remanente económico alejado de la economía del conocimiento que usa la información como herramienta principal para la generación de riqueza a través de la innovación aplicada a la producción.

Los criterios que propuso Amazon para establecer su nueva sede explican las causas de esta divergencia y una razón adicional es que en la actualidad las compañías, gracias a su interés por tener mayor acceso a una fuerza laboral más capacitada, se ubican en zonas metropolitanas grandes y acaudaladas.

Estas decisiones de localización geográfica hacen que la oferta de trabajadores calificados sea creciente en las metrópolis y ello garantiza un ambiente idóneo para maximizar la eficiencia laboral. Dicho fenómeno acumulativo ha conducido a la fragmentación de la economía norteamericana y ha implicado una división política del país.

En el caso europeo es evidente que los países nórdicos (Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca) y los del norte continental (Alemania, Francia e Inglaterra) han logrado a lo largo de dos siglos un mayor desarrollo que los países sureños de la cuenca mediterránea (España, Portugal, Grecia, Chipre). Incluso esa división se observa también entre regiones, pues el norte de Italia (Lombardía,Veneto, Piamonte) es más industrializado que el sur ( Sicilia, Nápoles); y similar fenómeno ocurre entre el mayor desarrollo de Cataluña en el Norte de España frente a Andalucía en el sur.

Para corregir esa asimetría se diseñaron los fondos regionales y de cohesión social que financiaron por ejemplo la modernización férrea de España y ofrecieron financiamiento al desarrollo del Sur para evitar una avalancha migratoria hacia el Norte una vez que se estableciera el espacio común europeo sin barreras migratorias.

Pese a los grandes avances en el desarrollo de los países beneficiarios la brecha fundamental entre las regiones persiste y los partidos xenófobos del Norte de Italia proponen la división de la península con el argumento de que ellos financian la burocracia e ineficiencia del Sur y así mismo han conducido al movimiento independentista de Cataluña. Todo ello alimentado por la xenofobia que se resiste al ingreso de inmigrantes.

América Latina no es la excepción a esa tendencia pues las diferencias entre el mayor desarrollo de la Costa Pacífica respecto de la sierra en Ecuador y Perú, se replica con la economía mas moderna en el sur de Brasil respecto del atraso del nordeste. En el caso mexicano el avance industrial y exportador de los estados de la frontera (Sonora, Monterrey. Chihuahua, Coahuila y Sinaloa) contrasta con el atraso de Chiapas y Guerrero.

La diferencia con el caso europeo es que aunque existe cabal conciencia de esas asimetrías, en América no se han diseñado políticas que tiendan a cerrar la brecha regional y a reducir las brechas sociales tan abrumadoras entre las poblaciones de componente étnico blanco respecto de afroamericanos e indígenas. Y ello se replica en todos los países, para no hablar de casos desoladores como Haití, en donde no hay ninguna región desarrollada.

Para el caso colombiano son conocidos los trabajos de Adolfo Meisel mostrando el severo desbalance entre el centro y la periferia, expresada además en la reducida representación política de las regiones pobres, con el componente paradójico de que mientras China, Estados Unidos y Europa han desarrollado las regiones donde se ubican los puertos, en Colombia esas regiones siguen en el abandono.

Las reformas a las regalías han intentado corregir esa asimetría pero la ejecución es tan baja que algún gobierno transfirió los recursos de Ciencia y Tecnología, no ejecutados, a la construcción de vías terciarias.

Bajo la inspiración del libremercado se firmaron tratados que agravaron ese desbalance, pues mientras las regiones del Norte de México se vincularon más intensamente al comercio con el mayor mercado del mundo situado en su frontera norte, las regiones alejadas de la frontera o de los puertos, se han mantetnido en el atraso.

En el caso colombiano el cierre de la planta de Siemmens en Bogotá por la imposibilidad de transportar eficazmente sus motores hasta los puertos merecen un estudio tan válido como el caso de Buenaventura, cuya vía de comunicación no se termina nunca; o de Qubidó incomunicada hasta hoy con el rico polo industrial antioqueño, como lo ha mostrado Caballero Argáez.

No hace falta mucha argumentación para conocer que el mercado por sí mismo no produce inclusión social, ni el librecomercio logra el balance regional. Ello solo se logra con políticas, que por ahora no se observan en el panorama. Resulta evidente que el mercado divide, separa, desequilibra, concentra y excluye: No genera equidad de modo espontáneo y solo se logra con estrategias.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor, univesidades Nacional y Exterrnado
beethovenhv@gmail.com

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