Beethoven Herrera Valencia
Análisis

Harry Dexter White, espía de la Urss

White filtraba documentos importantes y “preparaba informes semanales o quincenales en los que resumía la información que consideraba importante”.

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
febrero 24 de 2019
2019-02-24 04:49 p.m.
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La influencia decisiva que White tuvo en el diseño del sistema monetario internacional es reconocida por todos, pero sus vínculos con el espionaje soviético solo se han hecho públicos, con pruebas contundentes, en el libro La batalla de Breton Woods, de Benn Steil (2016, editorial Grupo Planeta, Barcelona).

Además del interés de White por investigar la planificación soviética, está documentado que en 1937 un visitante llamó la atención sobre una alfombra soviética que tenía White en su casa, y Whittaker Chambers –exeditor de la revista Time y exinformante soviético– informó sobre las actividades de espionaje que desempeñaba White desde 1935 como funcionario del Tesoro.

White filtraba documentos importantes y “preparaba informes semanales o quincenales en los que resumía la información que consideraba importante” (pág. 57) e incluso conseguía empleo en el Tesoro a funcionarios que se desempeñarían también como espías soviéticos, y diseñó un plan para la reforma de la estructura monetaria soviética.

Él creía que lo mejor para Estados Unidos era compartir el poder con los soviéticos, pues en muchos aspectos, tanto el capitalismo como el socialismo llegaban a tener puntos comunes, (pág. 66) y que el sistema soviético funcionaba y era completamente viable.

Steil concluye, que White creía en la economía de planificación central, llegando incluso a concluir que en un futuro la mayoría de países capitalistas empezarían a converger hacía el modelo soviético, porque había fallas estructurales en el sistema capitalista.

La entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, debido al ataque japonés, significó que Rusia fuera invadida únicamente por Alemania, puesto que los japoneses enfrentarían de lleno el contraataque norteamericano, tal y como era esperado por Stalin en la operación Nieve.

Esa operación consistía en que “Harry White (…), presionase a favor de un ultimátum a Japón que desencadenase la guerra (pág. 85)”; y tras las posteriores confesiones de los agentes soviéticos involucrados en aquella operación, “no existe la más mínima duda de que White fue el autor de las exigencias principales del ultimátum, como tampoco existe la más mínima duda de que el gobierno japonés tomó la decisión de atacar Pearl Harbor tras recibir ese ultimátum. (pág. 84)”.

El director del FBI, Edgar Hoover, hizo llegar al secretario de Estado James Byrnes, y al fiscal general Tom Clark, información que consideraba a White como un peligro para la seguridad nacional, tanto en sus funciones dentro del Gobierno como en las que ejercería posteriormente en el FMI, si fuese nombrado director general.

En consecuencia, “el FBI puso a White bajo una estrecha vigilancia, y acabaría acumulando más de trece mil páginas de información sobre él (pág. 419)”.

Pero el informe de Hoover llegaría al despacho de Truman días después de haber sido aprobada la nominación de White ante el Senado y la Cámara, y no se le destituyó para no poner en alerta a la red, pero se le trasladó a un puesto fuera del Tesoro.

En agosto de 1947, White tenía su teléfono intervenido por el FBI y se pudo demostrar que había mentido en su primer interrogatorio con el FBI sobre sus reuniones con miembros del grupo de espías.

White había sufrido un infarto que lo mantuvo en cama hasta marzo de 1948, cuando tuvo su primera cita ante el gran jurado, en el cual se concluyó que se “carecía de evidencias sólidas para llevarle a juicio” (pág. 450).

White mantuvo una actitud calculadora y meticulosa cuando respondió al gran jurado en la primera audiencia, pero uno de sus miembros –Richard Nixon– afirmó que nadie con sospecha de afinidad a la causa soviética debería detentar un cargo público ni acceder a información confidencial.

White falleció a causa de un infarto severo, lo cual hizo imposible que confrontase, cara a cara, a sus acusadores y que enfrentara las pruebas con las que lo declararían posteriormente culpable.

A partir de 1950 empezaron a circular unos documentos filtrados a Richard Nixon, entre los cuales había pliegos oficiales del Departamento de Estado y del Tesoro, y se trataba de manuscritos que, tras pruebas grafológicas y de contrainteligencia del FBI, fueron confirmados como de autoría de Harry White.

En telegramas enviados en abril 1944 y enero de 1945, había información sobre un plan gestionado por White para favorecer los intereses soviéticos ante importantes funcionarios del gobierno, además de sus gestiones personales para influir sobre el presidente Roosevelt –a través de Hans Joachim Morgenthau– para que fuese otorgado a los soviéticos un préstamo de 10.000 millones de dólares en condiciones de devolución favorables: 35 años y una tasa de interés del 2 por ciento. Pero, tal préstamo no fue concedido.

En uno de los telegramas se afirmaba que “los soviéticos se habían infiltrado en el proyecto de alto secreto de investigación sobre la bomba atómica en Estados Unidos” (pág. 460. Esa maniobra fue más importante que las actividades de espionaje de White, y los rusos, a partir de ese momento, habían iniciado la carrera armamentística de la Guerra Fría.

¿De modo que el espionaje trajo el equilibrio nuclear de la Guerra Fría e impidió que una sola potencia repitiera lo hecho en Hiroshima y Nagasaki?

Beethoven Herrera Valencia
Profesor U. Nacional y Externado.
Colaboró Jhan Andrade

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