Beethoven Herrera Valencia
aNÁLISIS

Migración y xenofobia en la aldea global

El historiador israelí Yuval Noah Harari, ha publicado 21 lecciones para el siglo XXI.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
diciembre 02 de 2019
2019-12-02 10:00 p.m.
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La escena inicial de El Padrino muestra los inmigrantes que llegaban a Nueva York y después de vacunarlos y registrarlos podían ingresar a poblar y ayudar al desarrollo que hizo potencia a Estados Unidos.

Venían huyendo de la pobreza o de la guerra, no existía el visado de ingreso; y en homenaje a ellos en el pedestal de la Estatua de la Libertad existe un espacio de reconocimiento a cada una de las nacionalidades de donde provenían esos migrantes. Por similares motivos llegaron miles de gallegos a Argentina, republicanos a México, e italianos, alemanes, ingleses y portugueses a Venezuela, Chile, Brasil y Cuba.

El historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de Homo Deus y De animales a dioses, ha publicado 21 lecciones para el siglo XXI , del cual fueron vendidos más de 15 millones de ejemplares en todo el mundo y ha sido traducido a más de 45 idiomas.

En este último libro trata la inmigración y plantea el cuestionamiento provocador acerca de si algunas culturas son mejores que otras, como una de las razones que propician el éxodo de personas de un país a otro.

Harari propone entender la inmigración como un pacto que permite la recepción de migrantes por parte de un país, y en contraprestación, esa población debe adoptar las normas y los valores fundamentales del país receptor; así ello implique el abandono de la cultura tradicional de origen; y después de un largo tiempo de asimilación cultural comprobada, los inmigrantes puedan considerarse como iguales.

El autor recoge los debates que se escuchan acerca de si el país receptor debe considerar la aceptación del inmigrante como un deber o como una acción filantrópica y discute si el país receptor tiene derecho de selección en el ingreso de los extranjeros o no.

Además, registra la discusión acerca de si hay obligación moral de aceptar migrantes sin hacer diferencia entre los que solicitan refugio buscando escapar de la persecución política y las personas que huyen de la pobreza.

Ademas reconoce que cada país puede determinar autónomamente su política exterior, cree que al legalizar los inmigrantes se evita el tráfico ilegal de personas y destaca la obligación del inmigrante de integrarse a la cultura local, pero propone que a los inmigrantes se les conceda tanta libertad y tolerancia como sea posible.

Por otro lado, Harari desarrolla la propuesta “del racismo al culturismo”, y define como un anatema la idea histórica según cual la raza blanca es superior a la demás, pues dicha idea ha caído en el descrédito moral y científico. En cambio se pregunta si las culturas, a pesar de ser distintas, no tienen entre sí alguna especie de superioridad, y concluye que ello no tiene mucho sentido, pues podrían extrapolarse las características generales para el ser humano en general.

Por ello considera más preciso hablar de culturismo que de racismo y propone que al problema del terrorismo hay que intentar mantenerlo al margen de estas discusiones, pues es “el arma de un segmento marginal y débil de la humanidad”, así haga parte de la agenda pública de la política global.

Adicionalmente, es de resaltar que Harari habla del fenómeno migratorio europeo fundamentalmente, el cual se diferencia ampliamente con el caso colombo-venezolano, por la curiosidad de que las poblaciones de Colombia y Venezuela, a diferencia de los países del norte de África, sí comparten en gran medida la cultura, la lengua que es la misma, comparten creencias y fuertes vínculos de parentesco por la descendencia nacida en el país receptor.

En el caso colombiano, el ingreso de un millón y medio de venezolanos en solo un lustro, contrasta con los tres millones de colombianos que migraron hacia el vecino país atraídos por la bonanza del petróleo. Como ha mostrado Fedesarrollo, los migrantes que han venido son, en promedio, mas jóvenes y con mayor nivel educativo que los colombianos que fueron hacia allá; y quienes vienen tienen una natalidad creciente, lo cual en un contexto de caída de la población colombiana, se constituye en un ‘bono’ demográfico.

Y frente a las expresiones que atribuyen a esa migración culpabilidad del persistente desempleo en Colombia, el Banco de la República ha advertido que ella no lo explica suficientemente y que al contrario, el consumo de esos inmigrantes tiene impacto positivo en el consumo y en el crecimiento de la producción.

En el extremo sur de Manhattan acaba de inaugurarse el Vessel, monumento que simboliza un navío, como aquellos en los que llegaron los inmigrantes. Y esta decisión de la capital financiera del mundo reconoce el aporte que los inmigrantes han hecho a la formación del ‘crisol de razas’ como se ha definido ese pais.

La llegada de los irlandeses Kennedy y Reagan a la presidencia expresó el ascenso de esos inmigrantes que llegaron huyendo de la pobreza y de la dominación colonial inglesa. Y ello explica que la última producción de Netflix esté dedicada a esa comunidad con el título El irlandés, mientras la Casa Blanca persigue a los inmigrares.

Un nítido reconocimiento al aporte de los inmigrantes a la innovación es que las empresas tecnológicas de Sillicon Valley pagan los abogados que defienden a sus trabajadores inmigrantes, frente a las medidas excluyentes que impone la administración federal.

Hace medio siglo John Lenon y los Beatles cantaron “Imagine there's no countries”.
¡Sin audiencia ¡

Beethoven Herrera Valencia
beethovenhv@gmail.com
Colaboración Andrés Santiago León

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