Beethoven Herrera Valencia

Netflix contra Cannes y Hollywood

En los últimos 15 años, la asistencia a las salas de cines ha caído 30 por ciento, mientras que Netflix ha duplicado su número de suscriptores.

Beethoven Herrera Valencia
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Beethoven Herrera Valencia
marzo 17 de 2019
2019-03-17 03:30 p.m.
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La decisión de las directivas del Festival de Cannes de impedir la participación de la película Okja: drama de Bong Joon-Ho, producida por Netflix, fue motivada por el veto que la Federación de Cine Francés interpuso con el argumento de que una película que aspira a competir en el Festival debe ser estrenada originalmente en una sala de cine francés.

Resulta obvio que el modelo de Netflix implica, de una parte, producir sus propias películas, y esos films pueden ser vistos en casa o desde cualquier dispositivo digital. Aunque Netflix acepta que una cinta suya sea presentada en salas de cine con la condición de que se emita simultáneamente para sus 98,8 millones de abonados, hasta ahora la confrontación es tan evidente que la cinta Roma, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, perdió el Óscar a la mejor película de Hollywood, pese a llegar con diez nominaciones.

Esta lucha ha dejado tendidos en el campo a sistemas de comercialización convencionales como Betatonio y Blockbuster, aun si las personas se carnetizaban para ser clientes permanentes. En el caso del país galo, el problema radica en que, según la legislación francesa, una película estrenada en una sala solo puede ser subida a una plataforma digital tres años después, cuando, en la práctica, ya esté desactualizada.

Las temáticas de las películas que está desarrollando Netflix van desde House of Cards, que muestra los entretelones del poder estadounidense, hasta El Mecanismo, que deja ver el proceso Lava Jato, que llevó a la caída del gobierno del PT en Brasil, pasando por el ‘Chapo’ (México), en cuyos capítulos se mostraron una y otra vez los supuestos nexos del narcotraficante con los agentes del gobierno mexicano. Varios de los mencionados en dichas películas han negado la existencia de dichos vínculos.

No obstante, el hecho incontrovertible es que la asistencia a las salas de cines ha caído 30 por ciento en los últimos 15 años, en tanto que Netflix ha duplicado su número de suscriptores hasta hoy.

Esta es solo una de las vertientes del conflicto entre economía digital y empresas convencionales, expresada en la quiebra de Kodak, derrotada por la hegemonía de las cámaras digitales vinculadas a los dispositivos que facilitan subir las fotos y videos a las redes. Otro caso es Sears Roebuck, que se declaró en bancarrota por la competencia insuperable de Amazon y diversos sistemas de comercialización en línea.

A finales del 2012 Kodak tenía activos totales por 5.100 millones de dólares y pasivos por 6.750 millones de dólares, y su valor de mercado se hundió en quince años, pasó de 31.000 millones a solo 150 millones de dólares; por esa razón, el empleo de Rochester en el Estado de Nueva York, donde se encontraba su sede principal, cayó de 60.000 a 7.000.

Son conocidos los conflictos de los taxistas con Uber, de las agencias de viajes con las ventas en línea, los reclamos de los hoteles ante Airbnb y la crisis de la enciclopedia, ante el avance de Wikipedia. Esta pelea es global, abarca todos los campos y ¡apenas se inicia!

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