Camilo Herrera Mora
Columnista

Conectemos

En un mundo donde cada vez más, las cosas llegan a las personas y no las personas a las cosas, estar desconectado es muy injusto. 

Camilo Herrera Mora
POR:
Camilo Herrera Mora
mayo 11 de 2020
2020-05-11 10:03 p.m.
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Menos del 60% de los hogares tienen internet y curiosamente, solo el 48% tienen computadores, lo que hace que la virtualización del trabajo y el estudio sea un reto enorme y claramente un problema de inequidad.

Adicionalmente, cerca del 60% del empleo es necesariamente presencial, lo que hace que las ideas de mundo virtual que se plantean últimamente tienen un claro límite. No se puede virtualizar la construcción, la preparación de comidas, las cirugías o la confección de ropa; quizá se pueden vender en línea viviendas, comida a domicilio, ropa y atender citas médicas.

Para vivir en el mundo digital, se necesita el servicio de internet y una terminal donde usarlo. El primero es un servicio de pago mensual que aún en Colombia no está estratificado y esto hace que algunos no tengan como tener acceso a este servicio público; por ejemplo, en Bogotá, cerca del 25% de los hogares no lo tienen.

Hace muchos años, cuando se compraba una casa, se entregaba con servicios públicos y con el aparato de teléfono para poder usarlo. Hoy no conozco ningún caso de una vivienda nueva que se entregue con una tableta o un computador, conectado a un servicio de internet, ya que esto comúnmente se deja al usuario. No me imagino hoy una vivienda nueva sin sanitario, o tomas corrientes.

La conectividad es un servicio público y seguramente está en alguno de los derechos de nuestras normas, pero por diversas razones (no todas comerciales), como la dificultad de la cobertura y los costos de operación, no hemos logrado cobertura generalizada.

Se ha hecho un enorme esfuerzo por conectar a los hogares, esto es evidente, sin embargo, es evidente que tratamos a este servicio público de manera diferente. No solo en el tema de las tarifas, sino en las normas para entregar vivienda nueva pese a que, a diferencia de los servicios públicos tradicionales, puede ser individual y portátil, generando múltiples oportunidades. Más aún si se piensa en la cantidad empresas pequeñas que podrían mejorar profundamente al estar conectadas, con un servicio de $90.000 pesos mensuales, cerca de un 10% de un salario mínimo, que seguramente bajaría por la mayor cobertura y usuarios.

Quizá se pensaba que era un servicio suntuario, pero la actual situación nos muestra que no lo es y que es casi vital que todos los hogares tengan acceso a él, permitiendo la expansión de nuevas formas comerciales, mayor acceso a salud y educación.

Los cambios nos llevan a caminos que continuamente hemos evitado. En esta situación de salud pública y una economía en aislamiento, deja ver las fortalezas de las instituciones que tenemos y sus grandes debilidades; y esto debe generar cambios profundos en la oferta de servicios en el mercado, su naturaleza y su uso como mecanismo de redistribución, como ya lo hemos probado con relativo éxito.

En un mundo donde cada vez más, las cosas llegan a las personas y no las personas a las cosas, estar desconectado es muy injusto. Si, Siempre es fácil pensar después, pero es mejor pensar tarde que no hacerlo nunca.

Camilo Herrera Mora
Presidente, junta directiva de Raddar.
camiloherrera@raddar.net

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