Camilo Herrera Mora
Columnista

Eso no me pasa a mí

Nuestra sociedad se ha construido en tiempos recientes más por derechos que por deberes y esto profundiza esta situación.

Camilo Herrera Mora
POR:
Camilo Herrera Mora
enero 18 de 2021
2021-01-18 07:30 p. m.
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Estamos acostumbrados a vivir sin consecuencias por nuestros actos.  Los conductores cometen infracciones de tránsito porque “no hay chupa”, las personas fotocopiamos capítulos de un libro porque el profesor lo dijo y hasta compramos películas piratas porque no tenemos tiempo para ir a cine; y en todos estos casos, hacemos un pequeño análisis de riesgo de la posibilidad que un policía nos “coja” o nos descubra y debamos pagar la multa, y este siempre tiene una probabilidad muy baja.

Nuestra sociedad se ha construido en tiempos recientes más por derechos que por deberes y esto profundiza esta situación, al punto que sin un vendedor ambulante lleva vendiendo por muchos años en la calle, la Corte Constitucional considera que hay “Confianza Legítima” dada por la autoridad, por no haberle exigido que no esté ahí y debe dejarlo continuar. Así, son muchos los casos, donde pasamos de tener la costumbre por norma, a tener la costumbre de no cumplir las normas.

Por años nos dijeron que no botáramos basura en el andén, que camináramos sobre la cebra para pasar la calle, que manejáramos a cierta velocidad, que hiciéramos fila para montarnos al bus, que no construyéramos casas en zonas de riesgo y muchas otras cosas, y siempre encontramos la manera de no cumplir con estas normas, porque parecía que pensábamos que eran para otros o que eso era una responsabilidad del Estado, que la norma no tenía sentido o simplemente que nosotros estamos por encima de la ley.

Ahora, el covid-19 reta esta condición. Estamos en un entorno donde las personas son responsables de su propio cuidado y las consecuencias de no hacerlo pueden ser mortales, lo que ha generado que la inercia de egoísmo y de estar por encima de la norma comience a desembocar a exigir una responsabilidad masiva en los gobiernos, el sector salud e incluso en los médicos, llegando a culpar a los hospitales por no tener las suficientes camas UCI para manejar la pandemia.

La culpa es de cada uno que no usa el tapabocas, del que lo usa mal, del que no se lava las manos, de los que no hacen distanciamiento; pero esto no lo vamos a aceptar, porque por años nos hemos acostumbrado a delegar la responsabilidad en los demás y no en nosotros mismos, con el enorme reto de no poder saber cómo se contagio alguien de la enfermedad, y así tener un anonimato poderoso y una reducción del sentido de culpa y de la responsabilidad de un problema tan complejo.

La policía no da abasto para hacer cumplir las normas, porque cada vez hay más personas que las incumplen y no porque haya pocos agentes, no nos confundamos. De hecho, no deberían estar controlando si cumplimos las leyes, sino que nos deberían premiar por hacer las cosas bien, como ya ocurre en la separación de basuras en algunos conjuntos residenciales.

¿Si no usamos condón para tener sexo seguro, qué nos hace pensar que vamos a usar el tapabocas?

Esa es la incomoda pregunta que debemos hacernos, para poder plantear menos “comparendos” y más “proparendos”, que motiven al cambio a las personas.

Camilo Herrera Mora
Presidente, junta directiva de Raddar.
camiloherrera@raddar.net

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