Camilo Herrera Mora
columnista

¿Re-estratificar?

No es justo tener cerca del 30% de población en pobreza, mientras subsidiamos injustamente a otro 20% de la gente por miedo a perder sus votos.

Camilo Herrera Mora
POR:
Camilo Herrera Mora
febrero 04 de 2019
2019-02-04 08:32 p.m.
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En 2002, cuando cerca del 50% de la población vivía bajo la línea de pobreza, el 58% de las familias vivían en estratos 1 y 2; hoy, que la pobreza no es más del 30% de la población, el 56% de los hogares, está viviendo en esos niveles.

Los estratos socioeconómicos han permitido muchas de las políticas económicas más efectivas y silenciosas que hemos tenido, y por esto deben ser sometidos a un debate sin pasión política.

Al igual que el Sisbén, la estratificación no es una política sino una clasificación, que permite focalizar los recursos en los más vulnerables; particularmente, en tarifas de servicios públicos y prediales, logrando una redistribución en la primera y una mejor fuente de recursos en la segunda.

El gran reto es que evalúa el predio y no el ingreso del propietario, o de quien vive allí; situación que ha reducido su efectividad para distribuir ingreso, y con el paso del tiempo ha creado “una trampa de pobreza”, porque las personas que viven en estratos bajos, no tienen un incentivo real de cambiar a un nivel más alto, ya que deberán pagar de más por varias cosas.

Esto llegó a un punto muerto: ¿por qué si sabemos que hay menos personas pobres en Colombia, hay más o las mismas en estratos bajos? Para modificarlos, se ha planteado trabajarla por ingresos, pero esto tiene el reto de los predios arrendados, que son casi la mitad del total; se ha intentado unificar la clasificación por ciudades, más esto tiene el problema de las diferencias de desarrollo y del valor de la tierra; más, poco se ha discutido abiertamente la temporalidad del servicio, lo cual puede ser una de las variables para tener en cuenta, en el debate que se abrirá en el Plan de Desarrollo del presente Gobierno.

Los subsidios sin temporalidad causan problemas. Si se le dice a una persona que mientras viva en un sitio determinado, pagará menos por el predial, agua, la luz y gas, esta se verá motivada a continuar en donde vive, sin importar que sus ingresos mejoren, porque se está beneficiando y considera que ese deber ser el precio que debe pagar y al estar viviendo allí por un buen tiempo, se ha adaptado a esas condiciones de vida, barrio, acceso de transporte y clima, que hará que no se vea motivado a cambiar.

Si los subsidios en impuestos y servicios públicos, se hicieran por hogar, con un límite de tiempo establecido, las personas se verían en la situación de ser beneficiadas por el programa por unos años, con revisiones periódicas de sus ingresos, para definir a quién se debe priorizar con estas medidas.

No es fácil hablar de mover subsidios: es impopular y malo para los políticos, que este año buscan votos en las elecciones regionales, pero no eso no nos debe confundir sobre la naturaleza del debate: tener mejor redistribución, y no mantener las bases de votación.

Esto supone un enorme esfuerzo de fiscalización, formalidad y validación de ingresos reales, porque esos recursos deberían estar llegando a poblaciones mucho más vulnerables en educación superior y salud. Estoy seguro de que no es justo tener cerca del 30% de población en pobreza, mientras que subsidiamos injustamente a otro 20% de la población, por miedo a perder sus votos.

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