Camilo Sánchez
columnista

Redes 5G: una necesidad inminente

No basta con definir las requisitos para la banda ancha en resoluciones, decretos o leyes para obtenerla.

Camilo Sánchez
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Camilo Sánchez
marzo 10 de 2019
2019-03-10 05:20 p.m.
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Para entender cómo se mueven los datos a través de las redes de comunicaciones por el espectro, lo mejor es asimilarlos a una carretera. Si queremos que haya más velocidad, necesariamente hay que aumentar el número de carriles, mejorar los pavimentos y disminuir los semáforos; además, conforme el tráfico vaya aumentando, cada cierto tiempo hay que construir nuevos carriles, puentes, entre otros.

Con las redes y los datos pasa lo mismo. Para poder tener un desarrollo apropiado y buena transmisión hay que tener redes de alta velocidad. La banda ancha fue inicialmente la respuesta. Pero ¿qué es banda ancha? Es contar con velocidad de transmisión mínima, tipo de tecnología y conceptos funcionales como conexión permanente y alta capacidad, sin embargo, cada país define sus características.

En Colombia, a finales del 2018, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) definió que los servicios de banda ancha en Colombia debían tener velocidades mínimas de subida y bajada de 25Mbps (megabits por segundo) y 5Mbps, respectivamente. Las diferencias en los valores se deben a que generalmente los usuarios residenciales descargan (bajan) más información de la que cargan (suben) a internet.

Evidentemente, las redes son limitadas y, por lo tanto, no pueden ofrecer velocidades infinitas. A manera de ejemplo, las actuales redes 4G pueden ofrecer hasta 250 Mbps, lo cual hacia futuro y con el crecimiento exponencial de la demanda de conectividad será insuficiente en poco tiempo.

Veamos unas cifras: la penetración de teléfonos inteligentes pasará de 57 por ciento del 2017 a más de 77 por ciento en el 2025; el internet de las cosas se incrementará de 7.500 millones de conexiones del 2017 a más de 25.100 millones en el 2025; se prestarán servicios en los sectores de medicina, transporte, seguridad, comercio, turismo, entretenimiento y medioambiente en proporciones de cien veces la demanda actual.

Por lo tanto, no basta con definir las condiciones para la banda ancha en resoluciones, decretos o leyes para obtenerla, si bien es el primer paso. Las normas no cambian las realidades tecnológicas, se debe ofrecer seguridad jurídica y condiciones como las que se están entregando en el proyecto de Ley 152 del 2018 (modernización del sector TIC) que hoy cursa en el Congreso. Estas exigencias de más conectividad solo se podrán satisfacer mediante la implementación de redes 5G, con capacidades de transmisión que sobrepasan los 7.5Gbps (es decir 30 veces más), donde el sueño de la telemedicina quirúrgica y los vehículos autónomos puedan ser confiables.

Por eso, además del lógico cambio de definiciones, se requiere incentivar las inversiones para los próximos 10 años y contar con una política general de eliminación de obligaciones de mantener tecnologías en desuso como la analógica. Es necesario promover tecnologías digitales, desincentivando el uso de terminales 2G, mediante la no homologación y prohibición de comercialización de dichos aparatos, como lámparas y bombillos incandescentes. También, implementar programas que promuevan la reducción de la brecha digital a través de la promoción del acceso y la expansión de las telecomunicaciones sociales y el mejoramiento de la calidad de los servicios a poblaciones ubicadas en zonas rurales del país y/o a la población urbana menos favorecida.

P.D.: las ciudades inteligentes y la hiperconectividad deben ser el centro de nuestras conversaciones y la base de nuestras políticas. Concentrémonos en eso.

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