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Carlos Enrique Cavelier

Sobre nuestra inseguridad alimentaria

La de la familia es la imposibilidad de tener ‘tres comidas’. La de un país, acceder a suficiente comida para su población a través de su agricultura.

Carlos Enrique Cavelier
Coordinador de sueños de Alquería
POR:
Carlos Enrique Cavelier
febrero 08 de 2022
2022-02-08 08:32 p. m.
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Son dos niveles principales: la de los hogares y la del país. La inseguridad alimentaria en una familia se define como su imposibilidad de tener acceso seguro ‘a las tres comidas’ al despertar en la mañana. La de un país, es la de tener acceso a suficiente comida para su población a través de su agricultura, agroindustria y comercio internacional.

Hace dos semanas se reveló el informe de la FAO que dejó a muchos perplejos al poner a Colombia en inseguridad alimentaria al mismo nivel de Haití, Honduras y Afganistán; aunque la definición de la FAO parece ser extrañamente binaria. Lo cierto es que Colombia antes de la pandemia tenía 5 millones de personas en inseguridad alimentaria como nos lo venían diciendo los Bancos de Alimentos y Abaco su asociación nacional. Hoy este número según el Dane es de 15 millones.

Lo más grave es que para muchos colombianos este ha sido un descubrimiento de la pandemia. Ojalá no pase de propuestas en la campaña electoral, sino que haya compromisos serios, líderes idóneos, planes y presupuestos para acabar con un flagelo éticamente inaceptable en un país con todas las condiciones para producir comida de sobra para incluso exportar.

La inseguridad alimentaria de Colombia, por el contrario no estuvo en juego -sino hasta el paro y la campaña electoral- El sistema de alimentación colombiano funcionó dentro de la antigua normalidad, sin sobre saltos durante los primeros 14 meses de la pandemia. No hubo desabastecimientos y los precios de los alimentos se mantuvieron en niveles normales.

Cómo se vio en la gráficas publicadas este sábado pasado con el reporte de inflación de enero, desde mayo con el paro y desde agosto con los coletazos del paro, los precios subieron históricamente. Estos efectos afectaron muy negativamente la seguridad alimentaria nacional y familiar, además de poner de presente varios temas.

Primero si el país debe tener una producción de abonos y otros insumos básicos a nivel nacional que nos dé mayores niveles de confianza y estabilidad de precios para los agricultores. También el efecto de la campaña electoral pues aparecen a diario reclamos para una autarquía alimentaria que si bien a algunos les suena a música celestial, es muy costosa en un mundo globalizado donde las productividades están al orden del día.

Esto no quiere decir que no podamos construir un sistema agroalimentario de mayor autosuficiencia pero esto no se logra a gritos ni con paros. Es escogiendo los sectores, otorgando créditos adecuados y asistencia técnica a millones de campesinos de bajos ingresos regados por nuestra geografía.

En el corto o mediano plazo, sólo ingreso solidario como el girado por el gobierno puede ayudar a los hogares más pobres mientras se logran encontrar fuentes de empleo digno que lo reemplacen. Lo que sí es cierto es que quien no entre a este debate en firme, nos deja uno de los elementos más crueles de la pobreza al descubierto: el hambre.

CARLOS ENRIQUE CAVELIER
carlosenriquecavelier@gmail.com

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