Carlos Gustavo Álvarez
Columnista

Antisépticos para la mente

Nunca la habíamos tenido. Sigamos adelante. Lava tus manos, desinfecta tu mente. 

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
abril 02 de 2020
2020-04-02 08:52 p.m.
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Tres mil millones de personas están confinadas, en un episodio inimaginable en la más febril de las novelas. Súbitamente, una medida de cuarentena las recluyó en sus disímiles hogares –desde Canadá hasta Madagascar–, sentenciadas por una orden inapelable: quedarse en casa o morir. Todas ellas están pasando sus manos por jabones y agua, bañándolas con la espuma deletérea para el ínfimo colosal enemigo del tamaño de la nada, abrasando al intruso con geles antisépticos y alcoholes de resguardo.

El agente infeccioso ha impuesto a la humanidad una disyuntiva inevitable: salud o economía. La cuarentena salva la vida, pero mata el bolsillo. Y todo lo que se ajuste en un lado de la balanza, descuadra sin piedad su contraparte. Los días pasarán con confinamientos controlados, de acuerdo al comportamiento de este enemigo exponencial. Pero mucha gente, mucha, no va a aguantar. No puede, no. Necesitamos fórmulas que hagan posible la coexistencia de la salud y de la economía.

Mientras aparecen, hay riesgos de perder la cabeza. Por eso, a la par de esa mínima profilaxis totalitaria de lavado de manos, desinfección, distancia, tapabocas…, debemos apelar al antiséptico mental. El desinfectante de los pensamientos con los que esta mente-loca-de-la-casa nos va a bombardear en los próximos días. Meses… Debemos estar atentos. La batalla que se libra en clínicas y hospitales la replicará en nuestra cabeza la ponzoña de emociones contradictorias, actitudes inexplicables y pensamientos biliosos.

No es para menos. Esta situación es difícil y desconcertante, acicateada por la zozobra y espoleada por la incertidumbre, la propagación de noticias falsas, el cadalso que significa estar esposados por la red de mentiras embozadas. Vamos a sufrir desajustes en esa tranquilidad de pájaros nuevos retornados a los árboles como al Paraíso. Contaminaciones mentales, aunque los habitantes de la jungla se asomen prodigiosos a la desolación del asfalto.

Debemos levantar un dron sobre nuestra conciencia para patrullar lo que nos desquicie. Y con amor y razón retornarlo a la casa de la esperanza. Bañar todos los días y con ganas de vivir esta cabeza nuestra, para retirarle el desaliento que nos pueden infundir la incertidumbre, el látigo de las cifras y los ataúdes multiplicados y la irritación que seguirán punzándonos hasta el litigio. Con paciencia, remover las escaramuzas del pecado de la ira, que querrá hacerle zancadilla a la necesaria templanza para convivir los días infinitos por venir.

Desinfectar estados de negativismo, visiones apocalípticas y pesimismo, cambiando esos gérmenes nefastos para nuestra necesaria inmunidad por antígenos de esperanza, necesario amor e irremplazable compasión y considerada solidaridad con aquellos que sufren. Por todas partes se agradece y saluda esta fatalidad como una epifanía del cambio en nuestros corazones, de la vuelta de tuerca en nuestro pensamiento, del comienzo de la era personal y de cada cual para que sea de todo el mundo.

Es una invitación a renacer. Nunca la habíamos tenido. Sigamos adelante. Lava tus manos, desinfecta tu mente.

Carlos Gustavo Álvarez
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

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