Carlos Gustavo Álvarez
columnista

Lista de inútiles escolares

Los padres de familia están pagando cuentas del año lectivo que inicia, encabezadas por esas listas de útiles escolares.

Carlos Gustavo Álvarez
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Carlos Gustavo Álvarez
febrero 07 de 2019
2019-02-07 09:07 p.m.
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Los padres de familia están pagando cuentas del año lectivo que inicia, encabezadas por esas listas de útiles escolares que se mueven entre los Récords Guiness y “Aunque usted no lo crea, de Ripley”. De aquí a noviembre seguirán las facturas en pensiones, material y gastos extras, los cuales, pueden estar tranquilos, no les van a faltar.

Ellos, como muchos alumnos y el sistema educativo, en general, podrán preguntarse después del tarjetazo: ¿esos conocimientos de hoy, les van a servir mañana? ¿Las mismas clases y textos se dirigirán por igual al cerebro de niñas y niños? ¿Ese cúmulo de horarios y tareas, de información desperdigada y casi siempre inconexa, les será útil cuando asuman su vida productiva? ¿Será verdad que títulos y grados, como el hábito, no hacen al monje?

La crisis de la educación es tema de nuestro tiempo. No es la única, claro. Hay crisis en la familia, en las relaciones de pareja, en el liderazgo, en la convivencia, en la política y la economía, en las organizaciones, en los medios de comunicación…

Ojo: que las cosas planteadas así no suenen a Apocalipsis Now, ni fermenten el pesimismo acendrado. Una crisis es una coyuntura de cambio, y como todo lo que tenga esas características, debe evolucionar y solucionarse. Lo malo del asunto es cuando ni lo uno ni lo otro.

La coyuntura de cambios es múltiple y avasalladora: la rapidez con que ocurren los sucesos, la frustración de un mundo que no satisface expectativas, la ruptura de parámetros culturales, la migración, el embotamiento del capitalismo... Y la tecnología que nos está mutando de humanos a humanoides y consolidando el concepto del omnipresente Gran Hermano, pues ya estamos más vigilados que una garita.

En la base de ese pandemónium está la educación. Internet ha devuelto a la formación autodidacta su valor mayúsculo, revaluando, además, el requisito de la presencia física en las clases. Más pronto de lo que se pueda creer, y como pasará en las reuniones empresariales, habrá encuentros de personas virtuales, con recursos que harán parecer al holograma una sombra chinesca.

Las alternativas educativas también pasan por un sistema novedoso: la homeducation o homeschooling. Es decir, la familia que puede, les da las gracias a los colegios, pero prefiere formar a los muchachitos en la casa. Se basan en que cada niña - niño es un mundo, y en el hogar, además de personalizar el asunto, se siembran y cosechan personas autodidactas, autónomas, responsables y felices. La felicidad es una obsesión. Los padres de familia repiten que lo único que quieren -más que dosis de geografía, pociones de matemática y extractos químicos- es que sus hijos sean felices. De ahí viene, entonces, la confusa floración de modelos pedagógicos chéveres, donde a los niños se les da todo y no se les exige nada, y por eso estamos como estamos, dice el abuelo.

El futuro, en todo caso, tiene otras materias. Inteligencia Emocional, saber pensar, resiliencia, media learning, trabajo en grupo, educación financiera, programación de computadores… Para desarrollar un conjunto de habilidades blandas, que por lo menos, sean útiles… en el futuro.

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