Carlos Gustavo Álvarez
columnista

Comunicación en (la) crisis

Las palabras que no se lleva el viento pueden ser bálsamos o municiones, voces de aceptada confianza o simientes de motín.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
abril 23 de 2020
2020-04-23 09:30 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/22/56cb679eb2280.png

Es de manual, incluso de vídeos y de las multiplicadas “masterclass”, que las crisis demandan de los líderes cualidades que la pretérita normalidad mantenía en una comodidad de mecedora. Sobre todo, ahora, que vivimos en un mundo de “comunicadores”, que, dotados de un celular, transmiten a sus seguidores desde el conocimiento hasta la insania.

A quienes ocupan puestos directivos, la pandemia les ha hecho un favor de desafío. Y en esta élite, porque lo es, están, entre otros, dirigentes gremiales, funcionarios, presidentes y gerentes de empresas privadas. Y todas aquellas personas que ocupan lugares en organismos del Estado, desde mandatarios locales hasta cabezas de gobierno.

El fondo y la forma de los mensajes, casi todos emitidos por Internet, pero también aquellos expuestos por los medios tradicionales (desde una carta gremial hasta la respuesta a una entrevista), adquieren la trascendencia correspondiente a una situación ignota para todos los habitantes del herido planeta.

Nada de lo que se comunique es deleznable. Nada deja de producir efectos, muchas veces conjeturados y adversos. Nada está exento de generar estados de ánimo y reacciones emocionales. Sobre todo, cuando estamos transitando por diversos extremismos de control y estreñimientos de la libertad, que van y vienen con las extravagancias del virus.

Las palabras que no se lleva el viento pueden ser bálsamos o municiones, voces de aceptada confianza o simientes de motín. Porque así pasa cuando cada cual tiene su verdad, la posibilidad de expresarla y el poder de encapsularla en torpedos compartidos, que derivan fácilmente en odio y virus de destrucción.

El fondo de los mensajes tiene fórmula. Claridad, sencillez, apego a la verdad, alejamiento de la especulación, sentido de guía, brevedad, unidad, coherencia, autoridad. Pensar antes de hablar.

La forma es importante. Sobre todo, cuando los mandatarios hacen apariciones diarias y múltiples, aupados por el sortilegio de la tecnología. Ahí se conjugan el lenguaje y la narrativa con la imagen y el comportamiento. Cómo están vestidos. Están sentados (como el presidente Iván Duque, a quién algunos medios ningunean como “Duque”) o parados (como Pedro Sánchez, el jefe del gobierno español).

Cuál es su lenguaje no verbal. Están mirando al papel o a la cámara (es decir, a la gente), cuando anuncian la prórroga del “aislamiento social”. ¿Vacilan? ¿Yerran en el uso de los adjetivos? ¿Inspiran confianza, que es el factor indispensable?

Todo eso, como explico en “El código Tangram”, una conferencia que dicto para “Mentes a la carta”, es el verdadero dominio de la comunicación. Que se puede apreciar o padecer en presidentes empoderados, ministros despistados, vicepresidentas locuaces, mandatarias que expelen una ira de sombra que lastra sus bien ganados liderazgos y funcionarios que no empatan los esfuerzos de sus cargos con la destreza de expresarlos.

Todas las personas que en los sectores público y privado ostenten responsabilidades de comunicación deberían tener como requisito y práctica infatigable una instrucción intensiva. Preparación. Porque en la crisis, sí, la purita verdad, todo comunica. Todo.

Carlos Gustavo Álvarez
Periodista.
cgalvarezg@gmail.com

Recomendados

  • OPINIÓN
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • TENDENCIAS

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes