Carlos Gustavo Álvarez
Columnista

Democracia en ascuas

El triunfo de Claudia López en Bogotá no deja ver que las mujeres echaron para atrás en gobernaciones y alcaldías.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
octubre 31 de 2019
2019-10-31 09:17 p.m.
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Dicen que el poeta Guillermo Valencia acuñó la frase, durante los funerales del general Rafael Uribe Uribe: “Democracia: bendita seas, aunque así nos mates”. La salmodia comenzó a repetirse en Colombia con el pasar de las décadas y la manía de los golpes de Estado y el advenimiento de tiranos en el vecindario. 

Ese mantra anacrónico y melífluo sobrevivió, incluso, a experiencias de dictaduras bien presentadas en sociedad, como el Frente Nacional. Asegura Jorge Andrés Hernández, en su interesante perfil de Juan Manuel Santos: “Los colombianos han vivido desde las primeras décadas del siglo XX con la autoglorificación onanista de que habitan ‘la democracia más antigua de América’, lo que Vernon Lee Fluharty, uno de los politólogos colombianistas más renombrados en la mitad del siglo XX, develó como ‘la ficción genial de la democracia colombiana”.

Asomarse en 1986 a las elecciones populares de alcaldes y gobernadores fue un cayado salvador en el que se apoyó un sistema tambaleante. Pero estos comicios que acaban de pasar han demostrado que esa tapa ya se rebosó. Lo que hoy tenemos es una vergüenza. “Los electores nos hemos convertido en cómplices”. El asunto se escamotea rápidamente, pues ya pasamos a la lisonja de los ganadores, el oprobio de los vencidos y el trámite del odio. Atrás van a quedar los candidatos asesinados, la compra de votos, el escamoteo descarado de las cuentas claras (solo el 3% de los aspirantes reportaba los gastos semanales), la trashumancia electoral, la cooptación de los postulados, y de los elegidos, por grupúsculos que pelechan en la maraña de los contratos y la degradación patética del discurso político.

Nada que no sepa el Consejo Nacional Electoral. Los ciudadanos acudieron a las urnas con ese fardo sobre las espaldas, sin importarles que, en esas condiciones, la democracia ya no sea bendita. Es, más, una demofagia, que nos está engullendo en términos de legitimidad, transparencia, participación y manejo de los dineros públicos. Los resultados tampoco son halagüeños. Seguimos en déficit creciente al comparar el número de votos reales con los faustos del censo electoral. El triunfo de Claudia López en Bogotá no deja ver que las mujeres echaron para atrás en gobernaciones y alcaldías. La escogencia de las gobernadoras Elsa Noguera y Clara Luz Roldán se funda en la personalidad de las damas, claro… Pero la coronación es fruto verdadero de la aceitada e inexpugnable maquinaria.

Algunos de los elegidos tomaron el poder el 27 de octubre a las 7 p.m. Sumidos en la alharaca de un ejercicio gubernamental inmediato. Sin tener en cuenta que los actuales gobernantes terminan su mandato el 31 de diciembre a la medianoche. Punto. Muchos llegarán arropados en el Síndrome de Adán. La historia comienza con ellos. Nada sirve de lo que hizo el mandatario anterior. Tumbe y cape. Andar de cangrejo, cuya manifestación más palmaria es el Metro de Bogotá. No hay una política de ciudad o de departamento. Mucho menos de Estado. Simplemente deseo de poner el nombre en la placa. El bardo de “Anarkos” la bendijo. Pero el único poeta que ha comenzado a cantarle la tabla a esta “democracia” en ascuas es la rebelión de las masas.

Carlos Gustavo Álvarez
cgalvarezg@gmail.com

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