Carlos Gustavo Álvarez
Columnista

La peste del insomnio

Las condiciones particulares que terminan divorciando a cada persona de una noche de calma y reposición de fuerzas.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
febrero 06 de 2020
2020-02-06 10:00 p.m.
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El 13 de enero, las tres sedes de Homeopatía Mercy en Bogotá, y la de Medellín, abrieron las puertas a una romería de afanosos compradores. Era previsible la avalancha.

Un receso laboral las mantuvo cerradas por 15 días, y había impaciencia por conseguir los demandados productos de esta visionaria empresa, creada hace 52 años por los doctores Fabio Gaviria y Carlos Fierro.

Se enunciaban pedidos por el Influmax para la gripe, la Miel de Lobelia, el Rescate, el jarabe Melissa Off 3.X, las esencias florales y los colirios. Pero las voces se escuchaban unísonas y convergían alrededor de MaxDream, la antigua Salvia Pasiflora, quintaesencia que desde hace más de 30 años remedia el insomnio crónico.

¿Duerme usted bien, apreciada lectora, estimado lector? ¿Concilia el sueño rápidamente y tiene la mágica experiencia de abrir los ojos al otro día luego de, por lo menos, seis horas de sueño continuo? ¿Puede hacer eso, pero con la ayuda de pastillas, gotas, infusiones o asomos de plantas, que le ahorran la pesadilla de pasar la noche en vela, de tener un sueño frágil como alas de mariposa que quiebra el más mínimo ruido, de despertarse a las 3 de la mañana?

Pronto se celebrará el Día Mundial del Sueño, el tercer viernes de marzo, y volverá a plantearse con estadísticas de espanto lo que la Organización Mundial de la Salud considera ya como una epidemia que puede derivar en trastornos neurológicos y cardiovasculares. Y que, en sus estados más avanzados, para no decir agónicos, se convierte en ansiedad y depresión, y que es, sin duda, una abducción del ánimo y las ganas de vivir.

Los llamados “trastornos del sueño” comprenden muchas manifestaciones: síndrome de las piernas inquietas, peligrosas apneas, narcolepsia, alteraciones del ritmo circadiano y de la conducta durante el sueño REM, hipersomnia idiopática y parasomnias, y el que es, de lejos, el campeón de las congojas del descanso: el insomnio.

Con este último se agosta uno de los tres pilares de la salud, que acompaña a la dieta equilibrada y el ejercicio regular. Y la peste del insomnio, que alguna vez Rebeca llevó a Macondo, hoy está extendida por el mundo, afectando, ya casi, a media humanidad.

¿Por qué no dormimos bien? La larga e interminable lista de causas comprende el estrés, comidas inconvenientes, la extensión del escritorio a la cama, angustias económicas y existenciales, presencia en las habitaciones de una tecnología invasiva, la poca atención que prestamos a la calidad de aliados como almohadas y camas, la edad… y sigue un largo e insomne etcétera.

Y claro está, las condiciones particulares que terminan divorciando a cada persona de una noche de calma y reposición de fuerzas, casi siempre fallecidas en horas de trabajo y de desplazamiento. O de franco desempleo y frustración. En esa desesperación del insomnio aparecen salvavidas de naufragio como Zolpidem, Zopiclona, Sedatif, la valeriana, la manzanilla, el té de banana, el boldo, la mejorana…

Y las tres goticas de MaxDream que me tomo cada noche y que me permiten escribir esta columna con toda la potestad de quien viviera desvelado “en la noche oscura del alma que son siempre las tres de la mañana”.

Carlos Gustavo Álvarez
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

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