Carlos Gustavo Álvarez
Columnista

Mondoñedo devastado

El paisaje de otro planeta, con sus rojos desérticos y su sol estuoso, se volvería destino de los jóvenes.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
enero 09 de 2020
2020-01-09 10:00 p.m.
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Quienes salieron de Bogotá por la vía conocida como “Mondoñedo”, que permite sortear de alguna forma, y al precio de dos peajes adicionales, los monumentales atascos de la denominada en un ampuloso equívoco (como su par del Norte) “Autopista” del Sur, advirtieron cómo las canteras han devastado las colinas (ver fotos en www.carlosgustavoalvarez.com).

O tal vez, no. Siguieron el camino en sus carros hacia destinos calurosos, sin reparar en esa imagen vergonzosa de desolación y destrucción de la naturaleza. Al fin y al cabo, los habitantes de Bogotá nos hemos acomodado indiferentes en el sigiloso despojo de nuestros cerros tutelares.

Oí hablar por primera vez de Mondoñedo cuando era un niño. Entonces anunciaban que, en las temporadas taurinas con toreros mitológicos, se lidiarían astados de esa ganadería, que repicaba el nombre de un municipio de Galicia, en España. Su fundador, don Ignacio Sanz de Santamaría, circa 1923, construyó unos años después, la Plaza de Toros de Bogotá.

Nadie iba por allá, salvo los interesados. El paisaje de otro planeta, con sus rojos desérticos y su sol estuoso, se volvería destino de los jóvenes. Décadas después iban a sollarse en medio de la nada, con hongos psicodélicos y asomos de amor libre. El lugar era conocido como Sabrinsky, aunque fuera “El Desierto de La Herrera”. Y los visitantes lo encontraban idealizado de la película Zabriskie Point, que el director de culto Michellangelo Antonioni trasegó en la aridez de California por los años 70.

También se conoció Mondoñedo por el basurero de 40 hectáreas de pudrición y pobreza. Hoy hay algo llamado Relleno Sanitario Nuevo Mondoñedo, y observado por la ANLA.
Hace poco se habló de Mondoñedo, porque 23 personas, entre ellas abuelitas, jovencitas y niños, que turisteaban y hacían deportes extremos, fueron atracadas y vejadas. A 40 minutos de Bogotá las autoridades no existen…

En todo caso, cuando la carretera permitió llegar más rápido a Chuzacá o a destinos de carros con escoltas, la vía adquirió un trajinar vertiginoso. Frente al Club Serrezuela se está desarrollando un mega proyecto urbanístico. Y tal vez allí, o a la nueva vía o a sus puentes, estén llegando la arena y las piedras que han sacado de cortar las colinas con una pica infame.

Es posible que detrás de lo que hoy es un talud amarillo y calizo, haya árboles. Y pájaros. Vida. Y aún quede algo de toda la riqueza de los ecosistemas subxerofíticos, amenazados enclaves secos en la altiplanicie de Bogotá.

Alguien dirá que ese es el precio del desarrollo. Yo solo quiero que los funcionarios de la CAR y del Ministerio del Medio Ambiente o el de Minas, de la ANLA, el Alcalde de Mosquera, el Gobernador de Cundinamarca, alguien, den una explicación. Quién autorizó arrasar.

“Del basurero y luego cantera que ha sido Mondoñedo no quedará rastro; la reforestación le está cambiando la cara a este depredado lugar”. Así refería un artículo de Unimedios en agosto de 2011. En ocho años secaron la laguna de La Herrera (como le está pasando a la de Tota). De lo que no quedará rastro es de aquel bello Mondoñedo...


Carlos Gustavo Álvarez
Periodista.
cgalvarezg@gmail.com

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