Carlos Gustavo Álvarez
columnista

Suplicio al cliente

En el sitio web ‘Bombas para toda ocasión’, arreglé un montaje instantáneo de jolgorio.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
mayo 02 de 2019
2019-05-02 09:14 p.m.
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Acababan de pasar raudas las ocho de la mañana, cuando de la recepción anunciaron que había llegado el técnico. Se trataba del encargado de realizar la revisión periódica, enviado por Vanti, exGas Natural. No lo podía creer. Mientras subía las escaleras (el ascensor está en reparación desde el año pasado), abrí la APP ‘Bandas’, y pedí rápidamente una papayera. En el sitio web ‘Bombas para toda ocasión’, arreglé un montaje instantáneo de jolgorio.

Se lo merecía. Cuando llamé a solicitar el servicio –a un número grande de teléfono que encontré en la factura y en el que me contestaron varias veces de ‘LaFeMascotas’, me asignaron la visita “para cualquier hora del día”. Pregunté lo mismo que hace todo el mundo: “señorita, ¿y es que no manejan una agenda, de acuerdo al recorrido?”. Y me respondieron lo que le responden a todos: “No”. De nada valió el argumento, relativamente novedoso, si ellos pensaban que yo no tenía nada que hacer. Silencio. Y como habito la inveterada costumbre de ser un hombre decente, no me desfogué con la niña del call center. Ya tienen suficiente con recibir desde insultos infames hasta provocaciones eróticas, cumpliendo el guión de una maquinaria carente de logística.

Cuando llegó el muchacho ataviado con su overol azul, y a pesar de cargar una gripe española que solo me demostró su carácter heroico, le di argumentos para que asumiera que le habían tocado los gasodomésticos de un demente. Le agradecí, elogié su cumplimiento, destaqué su puntualidad, le palmoteé el hombro con ñapa en la espalda y lo puse por las nubes… Y no pregunté, sino comenté, por qué no era posible configurar una agenda, en la que nos dieran a quienes pagamos el servicio una certeza mínima en el horario de la visita, un periodo razonable, digamos de dos horas, para no tener que perder todo el día.

Fue más explícito que la abnegada telefonista. Llenaba un formulario inexpugnable, a la vez que controlaba un medidor. “Difícil”.Y en tiempo récord terminó. Yo salté de la dicha porque mis gasodomésticos pasaron la prueba, incluido el calentador, con el que pierden el chequeo la mitad de los visitados. Es eléctrico.

Así que, cuando el muchacho salió, sin voz y casi supurando nubarrones por la nariz, lo esperaban banda papayera, bombas multicolores y un festón atravesado con las palabras ‘muchas gracias’. Se puso feliz. Especialmente porque creo que confirmó su primera sospecha: le había tocado un lunático. No importa. Le cantamos dos canciones poco escuchadas: “Ay, qué orgulloso me siento de ser buen colombiano” y otra que tuvo un solo de guacharaca en fa mayor, “no es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós”. Volverán en cinco años.

Ojalá, entonces, no exista esa operación de terror telefónico y postal que ejercen quienes acceden a las bases de datos de la empresa. Y se puedan programar las citas en un horario cuerdo. La logística habrá progresado. Lo mismo que el registro de visitas. Porque ya me llegó el segundo aviso, amarillo, informándome que no he realizado la revisión periódica. Y que me van a suspender el servicio.

Carlos Gustavo Álvarez G.
​Periodista
cgalvarezg@gmail.com

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