Carlos Gustavo Álvarez
columnista

¡Zape!, zoquetes

No se crea que solo zarpo hacia el pasado. Zapeo canales y con el zum de mis lentes veo a la gente charlando en zoom.

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
mayo 21 de 2020
2020-05-21 09:49 p.m.
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Zapateado por el zafarrancho con que ha zarandeado a la humanidad el zarrapastroso virus zumbambico, he decidido caerme del zarzo hasta el zaguán para zurcir esta columna, ya que no puedo asomarme ni al zócalo.

No se me crea un zopenco, ni mucho menos se me tome por un zascandil zurumbático o un zamborondón. No pretendo armar la zambra en este zambombazo de las noticias zafias: zanjemos ese zipizape de la zangamanga en que nos ha zampado la zoonosis.

No soy un zagal, ni afecto a la zalamería, y mucho menos me gusta zanganear ni hacerle zigzag a la vida como si fuera un zombi. Voy a zaboyar estas palabras sin hacer del escrito una zaraza, sin zálamo, eso sí, tal como estoy, recluido en el zaquizamí como en un zulo: con mis ojos zarcos y más bien zancudo con mis zancadas.

Confinamiento no es estar en un zoco, ni extasiado en una zofra, pero tampoco zaherido en una zanja. He aprendido a componer el zéjel, he leído la Zendavesta de Zoroastro y “La piel de Zapa”, de Balzac, y escuchado zarzuelas que vienen de la zarzamora, acompañando las zardas y zarabandas sin zangoloteo ni zancadillas.

He zangarreado la bandurria, visto hasta el cansancio y sin zahondar ni ser zarista “Los últimos zares”, con su zarina y su zarevitch, repasado “El zorro” y “Doctor Zhivago”, estudiado el Zodíaco y gritado hasta el zambullimiento “¡Viva… Zapata!”.

Cuando el zamarrazo intenta darme una zurra con el zurriago en el zaguero o propinarme una zamanca, no me dejo tender la zalagarda que viene disfrazada en la zalea. Me levanto en mis zancos como si fuera Zeus y grito: “zambomba, ¡zaz!, hasta la zeta”.

Luego pongo los discos de “El zorzal criollo”, pues tanto tango tengo, tomo zumo de zanahoria y zampo un zapallo en el zuncho, mirando los zuros y algún zunzún. No hay que zozobrar ni zapuzar, pero tampoco portarse como un zorrón o un zopilote.

Escribo con la zurda nombres que enzarzo, como Zenón, Zoilo, Zaqueo, Zelmar, Zózimo, Zenobio y Zacarías. Agrego ciudades como Zapatoca, Zarzal, Zambrano, Zaragoza, Zetaquira, Zipacón y Zipaquirá, y zollipo con Zhengzhou, Zihuatanejo, Zanzibar, Zagreb y Zurich. Pero ahí siento un zumbido y me da el soponcio que es con ese.

No me pongo zapatos y me la paso con mis zuecos zapotes. Y zaceo y me vuelvo zazo, oscuro de la rabia como un zulú, pensando que mientras nosotros hacemos mercado con el zacuto o el zurraco, comprándoles a los zabarceros, los de siempre hacen zarcillos en la corrupción. ¡Zape, zoquetes que zambuten sus zarpas en los dineros públicos, como zarracatines zahareños y zarramplines zaborreros y zampones!

No se crea que solo zarpo hacia el pasado. Zapeo canales y con el zum de mis lentes veo a la gente charlando en zoom. Entonces vuelo a mi jazz, quisiera zambullirme en un zonote, bailar zumba... Canto “La potra zaina”, pienso en el zucchini y escucho zonzo los boleros de Charlie Zaa.

Carlos Gustavo Álvarez
Periodista
cgalvarezg@gmail.com

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