Carlos Gustavo Álvarez

La Habana-Managua-Bogotá

Llegó diciembre para el Gobierno de Colombia, con el regalo de tres conflictos por resolver contra un mismo eje ideológico.

Carlos Gustavo Álvarez
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Carlos Gustavo Álvarez
noviembre 30 de 2012
2012-11-30 01:51 a.m.
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Que tiene como alter ego y paraguas al mandatario Hugo Chávez, hoy en La Habana cuidando la salud y visitando amistades. La capacidad de identificar cómo es el funcionamiento de ese aparato permitirá armarlo con beneficio para el país.

El fallo de la CIJ de La Haya sobre San Andrés, es uno de esos casos en los que un litigio se resuelve con un lío. Y sin embargo, antes de aceptar cualquier tentación de furrusca con Nicaragua, hay que desgranar la situación específica de ese país en un contexto adverso. Agotar los mecanismos diplomáticos y pacíficos (que no tienen porqué estar ausentes de fortaleza y carácter). Y tragarse varios sapos, como está pasando en La Habana.

El gobierno de Daniel Ortega hace parte de un eje continental de posiciones monolíticas, soportado por la égida y el dinero de Hugo Chávez. Ahí están Nicaragua, Cuba, Ecuador, Bolivia, Argentina, y por supuesto, Venezuela, varios de ellos ausentes en la reciente cumbre iberoamericana de Cádiz. Súmenle los países del Alba. Pensar que enemistarse con Managua es enfrentarse al niño solitario, es perder el curso.

Ortega comenzó este año su segundo periodo presidencial con la misma chompa e innumerables debates internos. Sobrelleva el barullo, que incluye corrupción galopante, con carisma y caudillismo, y gracias a una ‘caja de dinero’. El convenio petrolero con Venezuela hace posible que el comandante financie infraestructura y fortalezca su base social. No sería raro que explotar hidrocarburos en el nuevo mar que le cayó del cielo, tuviera el respaldo generoso de PDVSA.

En La Habana se dialoga con las Farc. Han aprovechado hasta el último micrófono y explotado la codicia farandulera que despierta la guerrillera holandesa. Los representantes del Gobierno han asumido una elección de prudencia y estoicismo ante un grupo ‘negociador’ que parece encontrarse a sus anchas tropicales, y que descalifica funcionarios y machaca discursos de medio siglo.

¿Por qué incluir a Bogotá en este eje? Aunque la reunión del presidente Santos y del alcalde Gustavo Petro pareció desactivar el conflicto Nación-Distrito, hay mucha tela que cortar. Petro hace parte de una ideología que vino a confrontar el orden establecido y a cambiar la fractura social. Sirve como trampolín presidencial y tiene calado en la gran parte más afectada de una sociedad desigual e inequitativa. La apuesta populista puede salirle cara o exitosa a la capital, que padece indiferencia navideña el año entero.

Todo dependerá de cómo maneje el Gobierno a estos tres reyes magos del 2013. Cuatro, porque Uribe también monta su camello, digo, su caballo.

CARLOS GUSTAVO ÁLVAREZ G.

PERIODISTA

cgalvarezg@gmail.com

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